¿QUE PROYECTO HUMANO ESTA DETRÁS DE LA GESTION MACRISTA? (Publicado por primera vez el 3 de abril de 2016)
Ante los generalizados e incesantes despidos de miles de trabajadores estatales (y también privados, como una consecuencia del derrame recesivo) cabe que nos preguntemos qué quieren, qué buscan, más allá de la obviedad de la mera recuperación de la renta de los poderosos de la que se sintieron injustamente despojados durante la década kirchnerista. Si buscamos una síntesis, una idea fuerza que inspire la gestión macrista, deberemos llegar a una conclusión ineludible: lo humano no existe para ellos como valor a respetar.
El neoliberalismo implica un desplazamiento de los valores desde lo humano hacia lo monetario, es decir, la soberanía se desplaza desde la política hacia el mercado. Son las fuerzas del mercado las que asumen la conducción del pais. En la mayor parte del mundo no interesa lo que usted vote. Porque gane quien gane, las recetas neoliberales son las mismas. En la Argentina no era ésa la situación, no reinaba el neoliberalismo, el acento estaba claramente puesto en las personas. No se perdió ni un puesto de trabajo durante la gestión kirchnerista, al contrario se crearon decenas de miles. Pero eso cambió drásticamente a partir de las últimas elecciones, en cuya campaña publicitaria nadie le dijo a usted, votante de “Cambiemos”, que votaba por el regreso del neoliberalismo, al contrario lo negaban todo el tiempo y lo invitaban a “sumarse” a “ir juntos” y demás boludeces estilo gurú barato. Está claro que le mintieron descaradamente. Los CEOS se apoderaron de la gestión (y esa es la perfecta caracterización del neoliberalismo) y las medidas se disfrazan mediante toda clase de eufemismos. Le llaman sinceramiento, hablan de mejorar la competitividad, de la mano invisible del mercado que logra mágicamente el equilibrio. Pero ojo, no se trata de la mano invisible, (o sí, es invisible porque la esconden ellos) no es un mercado libre que permite que actores equivalentes compitan en condiciones similares. Es el mercado manejado por actores monopólicos u oligopólicos que, como no es regulado ni por el estado ni por la competencia, genera una desmesurada transferencia de recursos en favor de esos mismos actores y en desmedro de los asalariados.
Pero este enfoque ni siquiera se toma en cuenta por los inspiradores de estas políticas. Para ellos no hay personas, hay gastos a reducir. Por eso despiden gente y desmontan oficinas sin tener en cuenta la importancia de lo que gestionaban (aunque, vaya casualidad, desaparecen las mas virtuosas en lo que hace a los intereses del pueblo). Entonces, cuando uno se amarga y entristece e indigna porque ve detrás de cada despedido a una familia, chicos que deben seguir alimentándose, yendo a la escuela, y no entiende como eso no se tiene en cuenta; la explicación es sencilla, han hecho desaparecer a las personas que están detrás de cada despedido, pero esto es un hecho previo en sus mentes miserables, porque en la percepción de ellos solo hay números.
En una época espantosa que todos recordamos con horror, los seres humanos desaparecían físicamente. Ahora se les permite seguir viviendo, pero se los desaparece desde el punto de vista social, se los excluye de la posibilidad de ser útiles, de servir a los otros. Y ni siquiera se intenta contenerlos, no tienen para ellos "entidad" (frase terrible de Videla), no entran más a sus lugares que eran, hasta ayer, sus espacios no solo de generar recursos para vivir, sino sus lugares de contribución, de inserción social y productiva. Ni se les pasa por su sucia y casi vacía cabeza preguntarse que va a pasar con toda esa gente.
Y todo para buscar un "equilibrio" que es una ilusión, una quimera. Porque además son tan ineptos, están tan en bolas, que nada les va a salir bien, esperan mágicamente que algo que venga de afuera los salve y para eso corrompieron voluntades en la legislatura. Voluntades que eran proclives a dejarse torcer. Y que se entregaron tan fácilmente, tan sin pedir nada a cambio (entiéndase, nada en el plano de la política) y además, y eso es lo mas trágico, inútilmente. El mundo no nos va a ayudar. Eso no pasó nunca cuando se aplicaron estas recetas, y no va a pasar tampoco ahora. El mundo en crisis cooptado por el mismo proyecto neoliberal (y justamente por eso está en crisis) sólo aparecerá (si llega) para hacer negocios mas rentables que los que ya está haciendo y que se basan inexorablemente en la mas abyecta explotación de los seres humanos. ¿Cuál es el lugar que se le asigna a los de abajo? Ninguno, no figuramos en la lista. No hay lugar para nosotros. Nos despidieron. No tenemos, para ellos, entidad.
Pero claro ésa es la percepción (o la carencia de) de ellos. Nosotros sí tenemos entidad. En realidad somos la entidad de la Nación. Porque una Nación, no es un territorio, no es un mar, no son unas montañas. Es decir no son sólo eso. Una Nación es fundamentalmente un pueblo, que se constituye a sí mismo haciéndose visible, gritando sus ansias, su clamor por justicia, por igualdad, por la oportunidad de vivir dignamente. Los grandes movimientos populares son eso, grandes, porque visibilizan a los invisibles de siempre. Eso hizo Perón, eso hizo Evita. Y también lo hicieron Nestor y Cristina incorporando a millones a la mera vida. Millones de jubilados, millones de chicos con AUH, millones de netbooks…un país entero de pie frente al mundo, mostrando realizaciones inéditas para un país periférico.
A los que nos piden paciencia, a los que dicen “démosle tiempo”, respondemos que eso es una falacia, cuanto mas tiempo les demos, peor va a ser, porque es su misma filosofía la que es una basura, no es humanismo lo suyo. Ellos creen que nuestros derechos son una usurpación de los de ellos. Aunque los nuestros sean meramente vivir con dignidad y los de ellos estén inspirados en una codicia infinita que los lleva a querer enriquecerse obscenamente mas allá de toda medida.
Recuperar todos esos derechos que están tan amenazados hoy en día, es un deber que no tenemos que dejar de lado, no sólo por nosotros y nuestros hijos, lo que ya sería suficiente motivación, sino por todos los que lucharon incansablemente en el pasado.
La lucha debe ser nuestra manera de demostrar que existimos, que no nos vamos a dejar avasallar por unos mercenarios de cuarta, que sólo por un accidente de la democracia bastardeada por la hegemonía mediática, han usurpado ese lugar que tan dignamente ocuparon Néstor y Cristina
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