Anoche, mientras usted y yo y millones mas, tratábamos de decirnos los unos a los otros “feliz nochebuena”, “feliz navidad”, concretamente a las 22.40 de la noche, un señor, un hombre de bien, el señor Martín Sabatella, legítimo titular de la AFSCA, estaba retirándose de la sede de ese organismo autárquico creado por una ley de la Nación, obligado por una medida judicial de los jueces soldados obedientes de Magnetto, que avasallaron de manera infame las instituciones de la República. Estuvo allí, resistió todo lo que pudo, pero no por un interés personal, no por una conveniencia individual, nadie le va a pagar por eso. Ni siquiera un rédito político va a obtener. Podría haberse ido temprano, incluso ayer, o anteayer, descansar con su familia, preparar los festejos navideños, como usted lector o como yo. Pero el eligió quedarse. Su festejo de una navidad extraordinariamente digna, empezó allí. Va mi homenaje a él en este humilde escrito, porque MARTIN SABATELLA nos dignificó a todos los que abrazamos este proyecto, esta rara anomalía de la historia que se suspendió el 10 de diciembre de 2010. Nos recordó cosas que no debemos olvidar en estos tan terribles días de diciembre de 2015: una de ellas es que todavía hay personas que se mueven por valores. Y que esas personas desempeñaron cargos públicos con dignidad, hasta el final. Y pertenecen a esa clase tan vilipendiada: los políticos. Pero son ellos, los acusadores, los verdaderos viles. Y son, mal que nos pese, los que nos gobiernan ahora en la Nación Argentina.
Estas son unas fiestas raras. Son las primeras en doce años en que no estamos en el gobierno. Y para peor los que están, pertenecen al sector más retrógrado del arco político argentino. Máximo Kirchner lo calificó Ceofascismo, porque es la derecha gestionada por los ceos de las corporaciones. Si tengo que contar cuales son mis sentimientos debo confesar que no estoy contento. Estoy preocupado y triste. Nuestros temores previos al balotaje, se van cumpliendo con creces. Gigantesca transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados de la economía (los que menos lo necesitan obviamente) planteado como una necesidad para salir de quien sabe qué situación desfavorable para todos, que nosotros, los de abajo, no percibimos. Al contrario, percibimos que ahora si vamos a entrar en esa situación terriblemente desfavorable, mejor dicho, ya estamos en ella, por el deterioro de nuestros salarios producido por la devaluación. Y también están mostrando un desprecio por la institucionalidad que ya les conocíamos por sus tristes desempeños en la CABA (mas de 120 vetos a leyes votadas por la legislatura), pero que está empalideciendo ante los hechos de los últimos días. El atropello al AFSCA (a escasos días del intento de meter por la ventana a dos jueces de la SCJN, frenado por ahora por el escándalo que desató) perpetrado un 24 de diciembre (qué linda elección de fecha papá, gracias Durán Barba) y AFTIC (Autoridad Federal de Tecnologías de la Información), es un atropello sin precedentes en democracia. Ni Menem se animó a tanto (y mirá que se animó Menem, acordáte del “diputrucho” entre muchas otras tropelías). El reportaje de Nelson Castro (¡Nelson Castro!) en el que hace pasar vergüenza al milico Oscar Aguad nombrado Ministro de Comunicaciones por Maumac, vale la pena no sólo por cómo queda de garpe el tipo, sino si nos acordamos de cuál es la posición política del inefable NC que sintió que, a tanto no se animaba a la hora de alinearse con Magnetto.
¿Por qué hacen estas cosas? ¿Saben que están despreciando los valores que han manifestado por años defender (razones que deben haber motivado mas de un voto a favor de ellos y en contra de “la Yegua” por el – denunciado hasta el cansancio por ellos – constante atropello del kirchnerismo a las instituciones)? Claro que lo saben. ¿No les importa? NO, EN LO MAS MÍNIMO.
Los humanos comunes, los que transitamos la vida afuera de los ámbitos de poder político, tratamos de manejarnos en nuestras interacciones con los otros intentando ser creídos. Es decir, no decimos ni hacemos cualquier cosa. Necesitamos poder explicar nuestras palabras, con mayor razón, nuestras acciones. Explicarlas, justificarlas. Esta última expresión refiere a la idea de justicia. Hacemos, lo que pensamos justo. Decimos, lo que creemos verdadero. Si no respetamos esas normas dejamos de ser, a nuestra vez respetados, al menos por los que se dan cuenta de esas violaciones a nuestras propias normas. Pero a la mayoría de los políticos no les pasa eso. Particularmente a la derecha no le pasa eso, porque los políticos de la derecha llegan normalmente a la política desde el poder económico, justamente para defender sus intereses. Como dijo el filósofo italiano Gianni Vattimo, “la derecha no tiene valores, tiene intereses”. Entonces la manera de actuar y comunicar lo que hace, no está regida ni por principios de verdad, ni de acuerdo con valores pretendidamente respetados. Hacen, “justifican”, “explican” a partir de lo que necesitan hacerle creer a los de abajo. La comunicación pública para ellos no es una vía para transmitir determinadas verdades. Es la manera de construir hegemonía, o sea, lo que la gente cree, lo que piensa, a quienes respeta, a quienes desprecia, Entonces, NECESITAN UN BLINDAJE MEDIATICO QUE TAPE SUS TROPELIAS Y ENSUCIE A LOS ADVERSARIOS (VISTO POR ELLOS COMO ENEMIGOS). Y por eso, su embestida contra el AFSCA Y AFTIC. En enero se vence la cautelar a favor de Clarin que le permitió no acatar la adecuación de oficio que le había dictado AFSCA. De ahí el apuro para echar a Sabatella.
Para entender la importancia de esto, dentro del contexto de la comunicación en democracia, me permito incorporar a esta nota un fragmento de mi trabajo “Por qué soy Kirchnerista” escrito en marzo de 2015 y que puede leerse completo en mi blog lapaginadeanibaldiego.blogspot.com.ar.
“Nuestra realidad de todos los días tiene que ver con la vida familiar, el trabajo, las actividades recreativas, en suma, lo que sucede en nuestro entorno. Sabemos qué cosas pasan en nuestra familia, nuestro trabajo, hasta cierto punto en nuestro barrio y algunas noticias no muy completas sobre nuestra ciudad. Pero, ¿qué sabemos sobre las realidades de la macroeconomía, sobre la gestión de los distintos funcionarios, sobre la política hacia las provincias, sobre política exterior, etc. etc. etc.? Se trata de sucesos que no presenciamos, suceden en otros ámbitos. Nos enteramos a través de lo que leemos en los diarios o nos muestran los canales de televisión, lo que se conoce como “medios públicos de comunicación”. Pero ¿de qué nos enteramos? ¿De los sucesos reales, de lo que pasó verdaderamente? Esos medios, ¿nos cuentan los hechos tal como sucedieron? ¿Nos cuentan todas las cosas que pasaron? Esta última pregunta tiene una respuesta evidente: ningún medio, por honesto y eficiente que sea, puede contarnos todo lo que pasa. Inevitablemente deberá elegir entre todos los sucesos de determinado día, las noticias que considera importantes y descartar el resto, porque todo no entra. A este proceso se lo denomina selección de agenda. Y forma parte ineludible de la práctica periodística de todos los tiempos y lugares. El problema es que ese proceso constituye en sí un poder que se ejerce desde el medio de comunicación hacia el consumidor de ese medio. El resultado es, no sólo que consumimos las noticias que otro decide que son importantes, sino que además son interpretadas con una tonalidad que no siempre es evidente porque rara vez es enunciada con claridad. Esto que describo es así, aunque no hubiera intencionalidad de tergiversación de las noticias. Es así porque la misma mecánica del proceso de construcción del “producto noticia” y su difusión, conlleva esa transferencia de poder desde el receptor hacia el emisor de una noticia.
Se viene Clarín…
Ahora, preguntémonos qué pasaría si, además de lo que acabo de describir, el proceso se viera potenciado porque el dueño del medio de comunicación es además dueño de otro tipo de empresas que nada tienen que ver con la comunicación (y que eso sea normalmente cuidadosamente ocultado). ¿Resultaría extraño que usara ese poder que antes describimos, para influir sobre la opinión pública en beneficio de los intereses de esas empresas de las que también es propietario? Y sigamos preguntando, ¿cómo influiría sobre esto, el hecho de que no estamos hablando de un medio sino de una cadena de medios que cubren todo un país con diferentes sistemas de comunicación, gráficos, audiovisuales, radiales; todos transmitiendo el mismo mensaje potenciado por un diseño elaborado minuciosamente para generar la construcción de una hegemonía determinada en el conjunto de la sociedad? Una hegemonía totalmente identificada con los poderosos de adentro y de afuera.
Bueno, esto sucede. Se trata, en una enumeración no exhaustiva: en Brasil del Grupo O Globo, en Chile El Mercurio, en Méjico Televisa, en EEUU la CNN y Fox y en Argentina del grupo Clarín y sus múltiples bocas de transmisión que cubren todo el país. Y que, no sólo marca agenda de manera capciosa para decidir qué cosa es importante y cual no debe saberse, sino que ha llegado a un punto tal, que no tiene ningún problema en mentir directamente inventando, tergiversando, ocultando. Y que además ejerce por lo mismo, un enorme poder de condicionar a todo el espectro de actores sociales del país: funcionarios, jueces, fiscales, políticos de la oposición… ¿Quién que ha estado en la función pública no ha transgredido alguna vez alguna norma? ¿Quién no tiene, como suele decirse, algún muerto en el placard? Pero aunque no tenga nada, aunque su vida haya sido un dechado de decencia, Clarín algo va a conseguir, aunque sea inventando o dándole relevancia a sucesos que ni merecen ser tenidos en cuenta. Seguro que después va a conseguir además a un fiscal o un juez obedientes que lleven la cosa por el lado de la “justicia”. El ejemplo de Lorenzeti que era poco menos que Gardel para el multimedio, hasta que se le ocurrió declarar constitucional la Ley de Medios y entonces se acordó Clarín de un supuesto chanchullo cometido en Rafaela con los prestadores del PAMI, habla por sí solo. Bueno a Magneto todo le sirve. Debe tener un archivo que ni la SIDE mire vea. Perdón, debe tener a su disposición no sólo los propios sino todos los archivos de la SIDE, CIA y el MOSAD. Porque por algo es el jefe de operaciones del Imperio, sucursal Argentina. La manera en que esto condiciona a la democracia no puede minimizarse. Todos los hombres públicos de la Argentina saben que si sacan los pies del plato de Magneto, la repulsa mediática caerá sobre ellos inmisericorde. No hay honra pública o privada que se salve. Un ser humano de una decencia intachable como Víctor Hugo Morales, difamado, insultado, perseguido implacablemente por Magneto y sus esbirros, constituye un ejemplo terrible de lo que estamos diciendo. O la Procuradora Gils Carbó cuya independencia la llevó a oponerse a Néstor Kirchner cuando éste propició la fusión de Cablevisión y Multicanal, funcionaria de la que lo menos que se dice es que está “cuestionada”. ¿Cuestionada? ¿Por quienes? ¿Y por qué? ¿Los periodistas no repreguntan nunca? No, claro que no.
A la inversa, la protección mediática sobre los que sirven fielmente a los planes del establishment es total. De modo que la conclusión que cualquier despistado saca de la realidad argentina es que toda la corrupción del país es protagonizada de manera excluyente por el kirchnerismo. ¿No es raro? ¿Qué extraña conspiración universal dejó a todos los corruptos del lado del campo popular? Porque con Dilma en Brasil, Maduro en Venezuela y Correa en Ecuador sucede lo mismo: una denuncia por corrupción no se le niega a nadie. Salvo que usted sea de derecha, porque entonces puede afanar tranquilo. En Argentina, del lado se Macri, todo bien. No importa que haya innumerables casos de clara connivencia no sólo con corrupción, sino incluso con delitos graves como el caso de Iron Mountain que había sido premiada, eximida de impuestos, no inspeccionada adecuadamente e incluso desoyendo advertencias de inspectores que habían tenido el tupé de cumplir son su deber. Y se prendió fuego intencionalmente siendo una empresa que se ocupa de “guardar” papeles confidenciales de empresas muy importantes de aquí (adivine de quienes) y de afuera. Y que ya le pasó en otros lugares del mundo. Comparemos con la tragedia de Cromañón. ¿Cree el lector que a Macri puede pasarle algo parecido a lo que sufrió Aníbal Ibarra? Ni lo sueñe. Las noticias sobre las investigaciones del caso del incendio intencional en que murieron 11 inocentes servidores del orden, brillan por su ausencia en los medios del grupo. O a lo sumo en páginas interiores bien chiquito. Pero Macri no es el único. El senador Romero tiene causas pendientes muy serias con la justicia en su provincia natal, Salta. Y Aguad en Corrientes. Nadie pregunta sobre si la fortuna de De Narváez es o no bien habida. Duermen tranquilos. Son soldados valientes y abnegados en el ejército de Magneto.
La democracia se nutre de la información
Este cuadro de situación muestra cuál es el grado de peligro que corre en nuestra Argentina la democracia. Porque la materia prima fundamental de la democracia, es la información. Y si ésta es manejada mayoritariamente por grupos inescrupulosos que reinan como amos y señores en la construcción de una hegemonía contraria a los intereses del pueblo, cómo hace el hombre común, ese que labura todos los días y que no tiene tiempo para abrirse paso entre la maraña de mentiras que le ofrecen todos los días para que se informe; digo, cómo hace para que sus opiniones no estén contaminadas de la peor manera: esa que lo va a llevar a confundir al enemigo. A creer tal vez, que debe volver a votar a los que ya nos llevaron una y otra vez al abismo de la casi disolución de la república. Pero eso sí, en nombre de las instituciones y del republicanismo. Que pretenden están atacados por “la dictadura K”, que es convengamos, una dictadura muy rara. Una dictadura que, por ejemplo todavía no consiguió que una ley aprobada por ambas cámaras hace más de cinco años logre su plena vigencia: la Ley de Medios de Comunicación audiovisual. ¿Por qué? Porque limita (sólo un poco) el obsceno poder comunicacional de los medios hegemónicos manejados por Clarín. Y no lo consiguió debido fundamentalmente a la complicidad de un Poder Judicial totalmente sometido a la extorsión del verdadero poder que maneja la Argentina (hasta ahora): el poder de Magneto, como ejecutor de una dominación mucho más importante y siniestra que, este humilde escriba sospecha que llega hasta los mismísimos llamados fondos buitres: Paul Singer y CIA. ¿O acaso no lo tienen agarrado ya sabemos de dónde al mismísimo presidente de los EEUU? ¿Qué entidad pueden atribuirle ellos a estos pequeños paisitos del patio trasero del Imperio?
A los poderosos no les gusta la democracia.
Por todo eso es que hay que insistir en que la democracia es una cuestión casi, diríamos de vida o muerte para los ciudadanos de a pie. Para los poderosos no debería haber problema, cualquiera que asuma no va a modificar demasiado su vivir. Tienen salud privada, educación para sus hijos privada, universidades privadas. Entonces, si no debería haber problema, cabe preguntarse, ¿por qué conspiran todo el tiempo para desestabilizar a los gobiernos “populistas”, como les gusta definir a los que empoderan al pueblo? Y no sólo en Argentina. Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia. Y con lamentable éxito en el caso de Paraguay y Honduras cuando fueron destituidos vergonzosamente Lugo y Zelaya. Insisto en la pregunta ¿qué les pasa? ¿Les va mal en Argentina? ¿Corren algún peligro sus cuantiosos negocios? La respuesta a la pregunta de por qué son todo el tiempo desestabilizados los gobiernos progresistas de América no admite una lectura sencilla. Quizás sea una cuestión de miedo a que se produzca una profundización de los procesos (¡eso que nosotros deseamos fervientemente!) que termine arrasando con todos sus privilegios. De ahí la constante apelación al miedo al “chavismo” como el gran cuco que se agita constantemente (claro que previamente hubo que construir hegemonía mentirosa sobre la supuesta antidemocracia de Venezuela). Otra razón que podría explicar esos intentos desestabilizadores es que a los sectores vinculados al establishment financiero les preocupa que cunda el “mal ejemplo” de los procesos exitosos que no aplican las recetas neoliberales, con lo que se les acaba el negocio de las comisiones abultadas para tramitar los créditos que nos harían volver a “los mercados”. Gracias muchachos, recién tiramos. Me causó mucha gracia un discurso de una analista española que alertaba contra los peligros del populismo (en España, si la misma de los que perdieron su casa y la siguen pagando). Me causó gracia dije, pero también estupor y vergüenza ajena. ¡¿Tanto miedo le tienen a “Podemos”?!.
Una tercera razón para intentar explicar las acciones desestabilizadoras del establishment tiene que ver con una cuestión de mera codicia: ok, seguimos haciendo negocios, seguimos juntándola en pala, pero podríamos ganar más si no nos cobraran tantos impuestos (las famosas retenciones, el impuesto a las ganancias etc.), que sirven para hacer clientelismo y alimentar vagos. Este es el discurso tradicional de la derecha de todos los tiempos. Exhibe una ignorancia supina sobre la manera cómo funcionan las sociedades. Supone que acumular de manera obscena dejando fuera a millones no tiene ningún costo. Que van a aceptar de buen grado morirse de hambre viendo los Mercedes y BMW circulando alegremente por las calles de la patria (esa sí, claro, la de los poderosos reinando sin límites). Supone que no se van a rebelar. Pero además pasa por alto que con esos impuestos que les quita muy poco de lo mucho que les sobra, se pagan autopistas que ellos usan, redes de fibra óptica que agilizan las comunicaciones de todos, líneas de alta tensión que mejoran la transmisión de energía (subsidiada) que usan en sus fábricas, centrales generadoras de energía que cumplen esos mismos fines, subsidios que reciben muchos colegios privados a los que concurren sus hijos, patrulleros y cámaras y pertrechos para equipar las policías que les cuidan sus posesiones, previsibilidad en la macroeconomía fortaleciendo las reservas del Banco Central etc. etc. etc. Entonces esta codicia sin límites protegida por esa ignorancia que es tan frecuente en la derecha (que suele acumular dinero con mucha facilidad pero cultura de la buena, poco y nada) los lleva a equivocar el lado de la historia a la hora de elegir. Porque los regímenes atrozmente injustos siempre han llevado a alumbrar procesos revolucionarios sangrientos que arrasaron no sólo con posesiones sino también con vidas. Empezando por la Revolución Francesa, siguiendo con la Revolución Bolchevique en Rusia y muchos otros ejemplos que no vale la pena enumerar aquí. Se impone que las clases poseedoras aprendan a practicar una economía de lo suficiente, según los conceptos del eminente teólogo Leonardo Boff: “La economía no puede independizarse de la sociedad pues la consecuencia será la destrucción de la idea misma de sociedad y de bien común. El ideal a ser buscado es una economía de lo suficiente para toda la comunidad de vida”. Lo contrario es lo que presenciamos en los amos del mundo: cultivan esa adicción por la desmesura que implica en realidad una seria deformación espiritual. Buscan en el lado equivocado. Buscan el infinito, pero lo buscan en las riquezas. Y allí no está. Siempre habrá alguien que tenga más. Y que (piensa el gil con guita) es más feliz que yo. Entonces, tengo que tener más.”
Aquí termina esta transcripción de un trabajo escrito hace nueve meses, cuando pensábamos que sólo estábamos en peligro de perder las elecciones. Me deja un amargo sabor en la boca releer estas ideas ahora, cuando necesitamos construir optimismo a partir sólo de nuestra decisión militante de volver