domingo, 27 de diciembre de 2015

PERPLEJIDAD ANTE EL ODIO

Percibo en muchos de nosotros cierta perplejidad ante la permanencia de actitudes revanchistas muy cercanas a un odio irracional y poco entendible por parte de los que ganaron las elecciones y ahora gobiernan. Incluso entre sus seguidores y votantes. De alguna manera esperábamos otra cosa. La actitud del kirchnerismo al ceder la presidencia de ambas cámaras del congreso al PRO y la de Cristina de sembrar ¡flores amarillas! en el ingreso a la residencia de Olivos, contrasta radicalmente con el casi macartismo que se desató en contra del kirchnerismo, incluso desde antes de asumir. Empezando con la incalificable cautelar que privó a Cristina de 12 horas de mandato en un gesto inédito y vergonzoso por parte, tanto de Macri como del poder judicial genuflexo.



Y esa perplejidad nuestra tiene que ver, presumo, con una percepción errónea acerca de la ideología subyacente en esas señales que debemos saber interpretar. La derecha recalcitrante abreva en fuentes muy retrógradas. Ellos están convencidos de tener derechos no solo de propiedad sobre la mayor parte de los bienes de las sociedades, sino, y justamente a partir de esa propiedad sobre las cosas, derecho de ejercer el poder político y social sobre las personas. Y ese convencimiento que tienen los lleva a luchar con todas las armas cuando ven amenazados esos privilegios de los que se consideran legítimos beneficiarios. Su ideología les dice que sólo deben disfrutar de los bienes, los que tienen recursos para pagarlos, no interesa de que bienes se trate, incluyen salud, educación, vivienda, incluso alimentos. La posesión de dinero es para ellos el único pasaporte necesario para acceder a la vida, entendida ésta como incluyendo todos los objetos (cuanto mas caros mejor) que la hacen mas deseable y dichosa. Tienen una necesidad no sana de establecer diferencias entre las personas relacionadas con la cantidad de dinero que poseen. El valor está depositado en el dinero. No importa el origen del mismo. Suele escabullirse. Tio Rico disfruta de su fortuna y nunca se menciona cómo hizo para amasarla. Entonces ellos se reconocen como “del palo” cuando funcionan con esos valores. Nunca aparecerá una investigación sobre la fortuna de De Narvaez, o del mismo Macri o de cualesquiera de los popes del pensamiento económico neoliberal, por caso Melconián, Prat Gay, Cavallo. Pero si se trata de un funcionario del kirchnerismo, empezando (y muy especialmente) por la propia Cristina, no hay investigación o denuncia, por trucha que sea, que no se encare y difunda por todos los medios. ¿Por qué ese ensañamiento? ¿Por qué eso tan parecido al odio irracional, incluso cuando ya obtuvieron un triunfo impensado, hasta por ellos mismos? Lejos estoy de pretender tener una respuesta concluyente a estos interrogantes. Pero se me ocurre interesante compartir algunas ideas sobre el tema, dejando para futuras elucubraciones mas calificadas que la mía, resolver este intríngulis de manera más totalizadora. 

En la mirada desde la derecha, el kirchnerismo usurpó el poder político. ¿Por qué alguien pensaría de esa manera? ¿Acaso no llegó al poder con la legitimidad de los votos? ¿Cristina no fue elegida y reelegida con porcentajes record? No importa (para ellos) cuántas elecciones gane alguien. Perón había ganado en todas las compulsas electorales en que se presentó y fue sangrientamente derrocado en 1955 porque se daba por seguro que ganaba otra vez en las siguientes elecciones. ¿Pero cómo, a la derecha no le importa la voluntad popular? NO, NO LE IMPORTA. Toleran la democracia porque no tienen más remedio y la invocan todo el tiempo pero sólo como un recurso retórico. Mariano Grondona citaba con beneplácito la afirmación de uno de los dictadores del genocidio de 1976 a 1983, en el sentido de que “las urnas estaban bien guardadas y por mucho tiempo”. De no haberse producido la derrota de Malvinas en 1982, hubieran probablemente seguido guardadas. Y nadie extrañaba (me refiero a la derecha) las elecciones. Vuelvo a lo antes dicho: el orden natural de las cosas es, para ellos, que en el poder político (el sillón de Rivadavia se le llamó por años, si hay un personaje vergonzoso en nuestra historia, creo que este califica bastante bien) esté sentado un representante de los dueños del país. Por eso lo primero que hace Claudio Escribano (CEO del diario La Nación en 2003) a pocos días de la asunción de Néstor es alcanzarle una lista de las medidas que debía implementar. Que ya sabemos qué clase de medidas eran. Y cuando el glorioso flaco que nosotros amamos y extrañamos tanto, lo sacó carpiendo, se publicó el tristemente famoso editorial que entre otras barbaridades pronosticaba que Nestor había decidido durar en el gobierno seis meses. Duró doce años y medio el flaco (Cristina mediante como su continuadora) con la legitimidad del incólume amor del pueblo. Pero sin la legitimidad de los poderosos. Ese es el meollo de la cuestión. Y esa, la legitimidad de los poderosos, sólo la obtienen los que son funcionales de manera abyecta a sus intereses, incluso a su manera de ver la vida. Menem provenía de otra corriente política, el peronismo era el tradicional enemigo público número uno de la oligarquía. Pero su genuflexión (la de Menem) a todos los mandatos de la derecha, no sólo nacional sino (y especialmente) internacional, lo transformó en uno de los suyos. Fue, desde el mismísimo comienzo de su mandato, un hombre del palo, pero del palo de ellos. Es interesante ver cómo todos sus reparos éticos se diluyen como por arte de magia a la hora de decidir sus apoyos políticos. Mariano Grondona brinda con champán con Menem cuando éste disputaba la presidencia con Néstor en 2003. ¡En 2003, cuando los procesos judiciales eran legión e incluían cosas gravísimas como la voladura del polvorín de la ciudad de Rio Tercero! ¿No le hacían ruido a Mariano todos esos casos que no eran denuncias de Clarín (Magnetto lo protegía desde sus mismos comienzos en 1989) sino casos flagrantes? NO. NO LE HACIAN RUIDO A MARIANO NINGUNO DE LOS CASOS DE CORRUPCION DEL MENEMISMO. Volvemos otra vez a la cita del filósofo italiano Gianni Vattimo: “la derecha no tiene valores éticos, sólo tiene intereses” Y como vive por y para la guita, porque ese es su valor por excelencia, detecta con implacable precisión a los que atentan contra lo que ellos sienten como “el orden natural de las cosas”. 

Y aquí me permito proponer una explicación para entender un poco el odio irracional al kirchnerismo enfocado de manera particular en la figura de Cristina. Un proyecto que incluye a los que deberían quedar afuera empieza mal, en la mirada de ellos. Si los jubilados no pudieron hacer los aportes (aunque los motivos sean ajenos a su voluntad) no deben ser incluidos. Si los chicos pobres no tienen dinero para comprar netbooks, no deben tenerlas. Una sala de maternidad pública y gratuita no debe estar en el mismo nivel que una de una clínica privada. Tecnópolis a todo culo no debe ser de entrada gratuita, si no se transforma en “Negrópolis”. ¿El Centro Cultural Kirchner un maravilloso desarrollo que nos enorgullece a los argentinos? Caro, muy caro y para peor ¡de entrada libre y gratuita! ¿¿Estamos todos locos?? Cristina merece el odio de la derecha, no sólo por ser una mujer poderosa (en el mas profundo sentido de la palabra) y entonces subvirtiendo el natural lugar de la mujer en la derechosa sociedad patriarcal capitalista, sino porque al poner los mejores productos (no sólo los de primera necesidad) al alcance de TODOS, diluye la importancia del dinero como llave para acceder a los bienes. No hay cosa más subversiva que hacer que las cosas sean gratuitas. El pobre gil dedica su vida entera a tener y tener cada vez más para después mirar hacia abajo y poder despreciar tranquilo al negro que no tiene lo que él tiene (porque se lo ganó, mire vea) y AHORA RESULTA QUE EL NEGRO YA NO ESTÁ TAN ABAJO.

¿Culpa de quien? Exactamente, ¡DE LA YEGUA!

Entonces, si este planteo mio es en alguna medida acertado, no debe extrañarnos toparnos a menudo con actitudes que no hacen posible diálogo alguno con personas que piensan (es un decir), de manera tan sectaria y excluyente, y en las que se percibe demasiado odio, que nada tiene que ver con una mirada crítica sobre nuestro proyecto nacional popular y democrático. Normalmente pasa que les molesta todo lo que nosotros apoyamos, aunque lo disimulen con denuncias sobre corruptelas o miradas apocalípticas sobre presuntos desequilibrios macroeconómicos que citan como si supieran algo al respecto.

En Venezuela hay una orquesta sinfónica juvenil integrada por chicos salidos de las villas humildes. Dudamel, un director ya de fama internacional, salió de allí. Ese maravilloso emprendimiento es obra del maestro Abreu que se ocupó de rescatar chicos pobres pidiendo permiso a sus padres para incorporarlos a la música. Muchos de ellos ya son solistas destacados incluso internacionalmente. Abreu logró romper esa barrera, esa grieta que separa, que divide, que excluye. Transformó la “existencia destino” (término que tomo de J.P. Feinmann) de todos esos chicos en una vida plena de posibilidades de elección. 

Los procesos revolucionarios no son solamente los que hacen la reforma agraria y estatizan los medios de producción. Incluso se puede hacer eso (Stalin lo hizo) y seguir dejando al pueblo afuera, transformando una sociedad en colmena. Y no siempre se pueden hacer reformas tan drásticas por justas que uno crea que son. Hace falta una construcción muy importante de poder popular que, primero debe dar de comer, después, salud, educación, cultura. Y todo allí, cerca de donde usted vive, argentino, argentina. Y gratis. 

Y ese pueblo empoderado encontrará los caminos propios para darse las formas organizativas que lleven a sociedades cada vez más justas. 

En eso estábamos, de la mano de Cristina. Por eso la amamos. Por eso la odian. Porque no quieren que vuelva nunca mas. Pero nosotros si, por eso vamos a luchar, incansablemente. HLVS

sábado, 26 de diciembre de 2015

FIESTAS RARAS

DIA 25 DE DICIEMBRE DE 2015, NAVIDAD.

Anoche, mientras usted y yo y millones mas, tratábamos de decirnos los unos a los otros “feliz nochebuena”, “feliz navidad”, concretamente a las 22.40 de la noche, un señor, un hombre de bien, el señor Martín Sabatella, legítimo titular de la AFSCA, estaba retirándose de la sede de ese organismo autárquico creado por una ley de la Nación, obligado por una medida judicial de los jueces soldados obedientes de Magnetto, que avasallaron de manera infame las instituciones de la República. Estuvo allí, resistió todo lo que pudo, pero no por un interés personal, no por una conveniencia individual, nadie le va a pagar por eso. Ni siquiera un rédito político va a obtener. Podría haberse ido temprano, incluso ayer, o anteayer, descansar con su familia, preparar los festejos navideños, como usted lector o como yo. Pero el eligió quedarse. Su festejo de una navidad extraordinariamente digna, empezó allí. Va mi homenaje a él en este humilde escrito, porque MARTIN SABATELLA nos dignificó a todos los que abrazamos este proyecto, esta rara anomalía de la historia que se suspendió el 10 de diciembre de 2010. Nos recordó cosas que no debemos olvidar en estos tan terribles días de diciembre de 2015: una de ellas es que todavía hay personas que se mueven por valores. Y que esas personas desempeñaron cargos públicos con dignidad, hasta el final. Y pertenecen a esa clase tan vilipendiada: los políticos. Pero son ellos, los acusadores, los verdaderos viles. Y son, mal que nos pese, los que nos gobiernan ahora en la Nación Argentina.

Estas son unas fiestas raras. Son las primeras en doce años en que no estamos en el gobierno. Y para peor los que están, pertenecen al sector más retrógrado del arco político argentino. Máximo Kirchner lo calificó Ceofascismo, porque es la derecha gestionada por los ceos de las corporaciones. Si tengo que contar cuales son mis sentimientos debo confesar que no estoy contento. Estoy preocupado y triste. Nuestros temores previos al balotaje, se van cumpliendo con creces. Gigantesca transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados de la economía (los que menos lo necesitan obviamente) planteado como una necesidad para salir de quien sabe qué situación desfavorable para todos, que nosotros, los de abajo, no percibimos. Al contrario, percibimos que ahora si vamos a entrar en esa situación terriblemente desfavorable, mejor dicho, ya estamos en ella, por el deterioro de nuestros salarios producido por la devaluación. Y también están mostrando un desprecio por la institucionalidad que ya les conocíamos por sus tristes desempeños en la CABA (mas de 120 vetos a leyes votadas por la legislatura), pero que está empalideciendo ante los hechos de los últimos días. El atropello al AFSCA (a escasos días del intento de meter por la ventana a dos jueces de la SCJN, frenado por ahora por el escándalo que desató) perpetrado un 24 de diciembre (qué linda elección de fecha papá, gracias Durán Barba) y AFTIC (Autoridad Federal de Tecnologías de la Información), es un atropello sin precedentes en democracia. Ni Menem se animó a tanto (y mirá que se animó Menem, acordáte del “diputrucho” entre muchas otras tropelías). El reportaje de Nelson Castro (¡Nelson Castro!) en el que hace pasar vergüenza al milico Oscar Aguad nombrado Ministro de Comunicaciones por Maumac, vale la pena no sólo por cómo queda de garpe el tipo, sino si nos acordamos de cuál es la posición política del inefable NC que sintió que, a tanto no se animaba a la hora de alinearse con Magnetto.

¿Por qué hacen estas cosas? ¿Saben que están despreciando los valores que han manifestado por años defender (razones que deben haber motivado mas de un voto a favor de ellos y en contra de “la Yegua” por el – denunciado hasta el cansancio por ellos – constante atropello del kirchnerismo a las instituciones)? Claro que lo saben. ¿No les importa? NO, EN LO MAS MÍNIMO.

Los humanos comunes, los que transitamos la vida afuera de los ámbitos de poder político, tratamos de manejarnos en nuestras interacciones con los otros intentando ser creídos. Es decir, no decimos ni hacemos cualquier cosa. Necesitamos poder explicar nuestras palabras, con mayor razón, nuestras acciones. Explicarlas, justificarlas. Esta última expresión refiere a la idea de justicia. Hacemos, lo que pensamos justo. Decimos, lo que creemos verdadero. Si no respetamos esas normas dejamos de ser, a nuestra vez respetados, al menos por los que se dan cuenta de esas violaciones a nuestras propias normas. Pero a la mayoría de los políticos no les pasa eso. Particularmente a la derecha no le pasa eso, porque los políticos de la derecha llegan normalmente a la política desde el poder económico, justamente para defender sus intereses. Como dijo el filósofo italiano Gianni Vattimo, “la derecha no tiene valores, tiene intereses”. Entonces la manera de actuar y comunicar lo que hace, no está regida ni por principios de verdad, ni de acuerdo con valores pretendidamente respetados. Hacen, “justifican”, “explican” a partir de lo que necesitan hacerle creer a los de abajo. La comunicación pública para ellos no es una vía para transmitir determinadas verdades. Es la manera de construir hegemonía, o sea, lo que la gente cree, lo que piensa, a quienes respeta, a quienes desprecia, Entonces, NECESITAN UN BLINDAJE MEDIATICO QUE TAPE SUS TROPELIAS Y ENSUCIE A LOS ADVERSARIOS (VISTO POR ELLOS COMO ENEMIGOS). Y por eso, su embestida contra el AFSCA Y AFTIC. En enero se vence la cautelar a favor de Clarin que le permitió no acatar la adecuación de oficio que le había dictado AFSCA. De ahí el apuro para echar a Sabatella.

Para entender la importancia de esto, dentro del contexto de la comunicación en democracia, me permito incorporar a esta nota un fragmento de mi trabajo “Por qué soy Kirchnerista” escrito en marzo de 2015 y que puede leerse completo en mi blog lapaginadeanibaldiego.blogspot.com.ar.

“Nuestra realidad de todos los días tiene que ver con la vida familiar, el trabajo, las actividades recreativas, en suma, lo que sucede en nuestro entorno. Sabemos qué cosas pasan en nuestra familia, nuestro trabajo, hasta cierto punto en nuestro barrio y algunas noticias no muy completas sobre nuestra ciudad. Pero, ¿qué sabemos sobre las realidades de la macroeconomía, sobre la gestión de los distintos funcionarios, sobre la política hacia las provincias, sobre política exterior, etc. etc. etc.? Se trata de sucesos que no presenciamos, suceden en otros ámbitos. Nos enteramos a través de lo que leemos en los diarios o nos muestran los canales de televisión, lo que se conoce como “medios públicos de comunicación”. Pero ¿de qué nos enteramos? ¿De los sucesos reales, de lo que pasó verdaderamente? Esos medios, ¿nos cuentan los hechos tal como sucedieron? ¿Nos cuentan todas las cosas que pasaron? Esta última pregunta tiene una respuesta evidente: ningún medio, por honesto y eficiente que sea, puede contarnos todo lo que pasa. Inevitablemente deberá elegir entre todos los sucesos de determinado día, las noticias que considera importantes y descartar el resto, porque todo no entra. A este proceso se lo denomina selección de agenda. Y forma parte ineludible de la práctica periodística de todos los tiempos y lugares. El problema es que ese proceso constituye en sí un poder que se ejerce desde el medio de comunicación hacia el consumidor de ese medio. El resultado es, no sólo que consumimos las noticias que otro decide que son importantes, sino que además son interpretadas con una tonalidad que no siempre es evidente porque rara vez es enunciada con claridad. Esto que describo es así, aunque no hubiera intencionalidad de tergiversación de las noticias. Es así porque la misma mecánica del proceso de construcción del “producto noticia” y su difusión, conlleva esa transferencia de poder desde el receptor hacia el emisor de una noticia.

Se viene Clarín…

Ahora, preguntémonos qué pasaría si, además de lo que acabo de describir, el proceso se viera potenciado porque el dueño del medio de comunicación es además dueño de otro tipo de empresas que nada tienen que ver con la comunicación (y que eso sea normalmente cuidadosamente ocultado). ¿Resultaría extraño que usara ese poder que antes describimos, para influir sobre la opinión pública en beneficio de los intereses de esas empresas de las que también es propietario? Y sigamos preguntando, ¿cómo influiría sobre esto, el hecho de que no estamos hablando de un medio sino de una cadena de medios que cubren todo un país con diferentes sistemas de comunicación, gráficos, audiovisuales, radiales; todos transmitiendo el mismo mensaje potenciado por un diseño elaborado minuciosamente para generar la construcción de una hegemonía determinada en el conjunto de la sociedad? Una hegemonía totalmente identificada con los poderosos de adentro y de afuera.

Bueno, esto sucede. Se trata, en una enumeración no exhaustiva: en Brasil del Grupo O Globo, en Chile El Mercurio, en Méjico Televisa, en EEUU la CNN y Fox y en Argentina del grupo Clarín y sus múltiples bocas de transmisión que cubren todo el país. Y que, no sólo marca agenda de manera capciosa para decidir qué cosa es importante y cual no debe saberse, sino que ha llegado a un punto tal, que no tiene ningún problema en mentir directamente inventando, tergiversando, ocultando. Y que además ejerce por lo mismo, un enorme poder de condicionar a todo el espectro de actores sociales del país: funcionarios, jueces, fiscales, políticos de la oposición… ¿Quién que ha estado en la función pública no ha transgredido alguna vez alguna norma? ¿Quién no tiene, como suele decirse, algún muerto en el placard? Pero aunque no tenga nada, aunque su vida haya sido un dechado de decencia, Clarín algo va a conseguir, aunque sea inventando o dándole relevancia a sucesos que ni merecen ser tenidos en cuenta. Seguro que después va a conseguir además a un fiscal o un juez obedientes que lleven la cosa por el lado de la “justicia”. El ejemplo de Lorenzeti que era poco menos que Gardel para el multimedio, hasta que se le ocurrió declarar constitucional la Ley de Medios y entonces se acordó Clarín de un supuesto chanchullo cometido en Rafaela con los prestadores del PAMI, habla por sí solo. Bueno a Magneto todo le sirve. Debe tener un archivo que ni la SIDE mire vea. Perdón, debe tener a su disposición no sólo los propios sino todos los archivos de la SIDE, CIA y el MOSAD. Porque por algo es el jefe de operaciones del Imperio, sucursal Argentina. La manera en que esto condiciona a la democracia no puede minimizarse. Todos los hombres públicos de la Argentina saben que si sacan los pies del plato de Magneto, la repulsa mediática caerá sobre ellos inmisericorde. No hay honra pública o privada que se salve. Un ser humano de una decencia intachable como Víctor Hugo Morales, difamado, insultado, perseguido implacablemente por Magneto y sus esbirros, constituye un ejemplo terrible de lo que estamos diciendo. O la Procuradora Gils Carbó cuya independencia la llevó a oponerse a Néstor Kirchner cuando éste propició la fusión de Cablevisión y Multicanal, funcionaria de la que lo menos que se dice es que está “cuestionada”. ¿Cuestionada? ¿Por quienes? ¿Y por qué? ¿Los periodistas no repreguntan nunca? No, claro que no.

A la inversa, la protección mediática sobre los que sirven fielmente a los planes del establishment es total. De modo que la conclusión que cualquier despistado saca de la realidad argentina es que toda la corrupción del país es protagonizada de manera excluyente por el kirchnerismo. ¿No es raro? ¿Qué extraña conspiración universal dejó a todos los corruptos del lado del campo popular? Porque con Dilma en Brasil, Maduro en Venezuela y Correa en Ecuador sucede lo mismo: una denuncia por corrupción no se le niega a nadie. Salvo que usted sea de derecha, porque entonces puede afanar tranquilo. En Argentina, del lado se Macri, todo bien. No importa que haya innumerables casos de clara connivencia no sólo con corrupción, sino incluso con delitos graves como el caso de Iron Mountain que había sido premiada, eximida de impuestos, no inspeccionada adecuadamente e incluso desoyendo advertencias de inspectores que habían tenido el tupé de cumplir son su deber. Y se prendió fuego intencionalmente siendo una empresa que se ocupa de “guardar” papeles confidenciales de empresas muy importantes de aquí (adivine de quienes) y de afuera. Y que ya le pasó en otros lugares del mundo. Comparemos con la tragedia de Cromañón. ¿Cree el lector que a Macri puede pasarle algo parecido a lo que sufrió Aníbal Ibarra? Ni lo sueñe. Las noticias sobre las investigaciones del caso del incendio intencional en que murieron 11 inocentes servidores del orden, brillan por su ausencia en los medios del grupo. O a lo sumo en páginas interiores bien chiquito. Pero Macri no es el único. El senador Romero tiene causas pendientes muy serias con la justicia en su provincia natal, Salta. Y Aguad en Corrientes. Nadie pregunta sobre si la fortuna de De Narváez es o no bien habida. Duermen tranquilos. Son soldados valientes y abnegados en el ejército de Magneto.

La democracia se nutre de la información

Este cuadro de situación muestra cuál es el grado de peligro que corre en nuestra Argentina la democracia. Porque la materia prima fundamental de la democracia, es la información. Y si ésta es manejada mayoritariamente por grupos inescrupulosos que reinan como amos y señores en la construcción de una hegemonía contraria a los intereses del pueblo, cómo hace el hombre común, ese que labura todos los días y que no tiene tiempo para abrirse paso entre la maraña de mentiras que le ofrecen todos los días para que se informe; digo, cómo hace para que sus opiniones no estén contaminadas de la peor manera: esa que lo va a llevar a confundir al enemigo. A creer tal vez, que debe volver a votar a los que ya nos llevaron una y otra vez al abismo de la casi disolución de la república. Pero eso sí, en nombre de las instituciones y del republicanismo. Que pretenden están atacados por “la dictadura K”, que es convengamos, una dictadura muy rara. Una dictadura que, por ejemplo todavía no consiguió que una ley aprobada por ambas cámaras hace más de cinco años logre su plena vigencia: la Ley de Medios de Comunicación audiovisual. ¿Por qué? Porque limita (sólo un poco) el obsceno poder comunicacional de los medios hegemónicos manejados por Clarín. Y no lo consiguió debido fundamentalmente a la complicidad de un Poder Judicial totalmente sometido a la extorsión del verdadero poder que maneja la Argentina (hasta ahora): el poder de Magneto, como ejecutor de una dominación mucho más importante y siniestra que, este humilde escriba sospecha que llega hasta los mismísimos llamados fondos buitres: Paul Singer y CIA. ¿O acaso no lo tienen agarrado ya sabemos de dónde al mismísimo presidente de los EEUU? ¿Qué entidad pueden atribuirle ellos a estos pequeños paisitos del patio trasero del Imperio? 

A los poderosos no les gusta la democracia.

Por todo eso es que hay que insistir en que la democracia es una cuestión casi, diríamos de vida o muerte para los ciudadanos de a pie. Para los poderosos no debería haber problema, cualquiera que asuma no va a modificar demasiado su vivir. Tienen salud privada, educación para sus hijos privada, universidades privadas. Entonces, si no debería haber problema, cabe preguntarse, ¿por qué conspiran todo el tiempo para desestabilizar a los gobiernos “populistas”, como les gusta definir a los que empoderan al pueblo? Y no sólo en Argentina. Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia. Y con lamentable éxito en el caso de Paraguay y Honduras cuando fueron destituidos vergonzosamente Lugo y Zelaya. Insisto en la pregunta ¿qué les pasa? ¿Les va mal en Argentina? ¿Corren algún peligro sus cuantiosos negocios? La respuesta a la pregunta de por qué son todo el tiempo desestabilizados los gobiernos progresistas de América no admite una lectura sencilla. Quizás sea una cuestión de miedo a que se produzca una profundización de los procesos (¡eso que nosotros deseamos fervientemente!) que termine arrasando con todos sus privilegios. De ahí la constante apelación al miedo al “chavismo” como el gran cuco que se agita constantemente (claro que previamente hubo que construir hegemonía mentirosa sobre la supuesta antidemocracia de Venezuela). Otra razón que podría explicar esos intentos desestabilizadores es que a los sectores vinculados al establishment financiero les preocupa que cunda el “mal ejemplo” de los procesos exitosos que no aplican las recetas neoliberales, con lo que se les acaba el negocio de las comisiones abultadas para tramitar los créditos que nos harían volver a “los mercados”. Gracias muchachos, recién tiramos. Me causó mucha gracia un discurso de una analista española que alertaba contra los peligros del populismo (en España, si la misma de los que perdieron su casa y la siguen pagando). Me causó gracia dije, pero también estupor y vergüenza ajena. ¡¿Tanto miedo le tienen a “Podemos”?!. 

Una tercera razón para intentar explicar las acciones desestabilizadoras del establishment tiene que ver con una cuestión de mera codicia: ok, seguimos haciendo negocios, seguimos juntándola en pala, pero podríamos ganar más si no nos cobraran tantos impuestos (las famosas retenciones, el impuesto a las ganancias etc.), que sirven para hacer clientelismo y alimentar vagos. Este es el discurso tradicional de la derecha de todos los tiempos. Exhibe una ignorancia supina sobre la manera cómo funcionan las sociedades. Supone que acumular de manera obscena dejando fuera a millones no tiene ningún costo. Que van a aceptar de buen grado morirse de hambre viendo los Mercedes y BMW circulando alegremente por las calles de la patria (esa sí, claro, la de los poderosos reinando sin límites). Supone que no se van a rebelar. Pero además pasa por alto que con esos impuestos que les quita muy poco de lo mucho que les sobra, se pagan autopistas que ellos usan, redes de fibra óptica que agilizan las comunicaciones de todos, líneas de alta tensión que mejoran la transmisión de energía (subsidiada) que usan en sus fábricas, centrales generadoras de energía que cumplen esos mismos fines, subsidios que reciben muchos colegios privados a los que concurren sus hijos, patrulleros y cámaras y pertrechos para equipar las policías que les cuidan sus posesiones, previsibilidad en la macroeconomía fortaleciendo las reservas del Banco Central etc. etc. etc. Entonces esta codicia sin límites protegida por esa ignorancia que es tan frecuente en la derecha (que suele acumular dinero con mucha facilidad pero cultura de la buena, poco y nada) los lleva a equivocar el lado de la historia a la hora de elegir. Porque los regímenes atrozmente injustos siempre han llevado a alumbrar procesos revolucionarios sangrientos que arrasaron no sólo con posesiones sino también con vidas. Empezando por la Revolución Francesa, siguiendo con la Revolución Bolchevique en Rusia y muchos otros ejemplos que no vale la pena enumerar aquí. Se impone que las clases poseedoras aprendan a practicar una economía de lo suficiente, según los conceptos del eminente teólogo Leonardo Boff: “La economía no puede independizarse de la sociedad pues la consecuencia será la destrucción de la idea misma de sociedad y de bien común. El ideal a ser buscado es una economía de lo suficiente para toda la comunidad de vida”. Lo contrario es lo que presenciamos en los amos del mundo: cultivan esa adicción por la desmesura que implica en realidad una seria deformación espiritual. Buscan en el lado equivocado. Buscan el infinito, pero lo buscan en las riquezas. Y allí no está. Siempre habrá alguien que tenga más. Y que (piensa el gil con guita) es más feliz que yo. Entonces, tengo que tener más.”

Aquí termina esta transcripción de un trabajo escrito hace nueve meses, cuando pensábamos que sólo estábamos en peligro de perder las elecciones. Me deja un amargo sabor en la boca releer estas ideas ahora, cuando necesitamos construir optimismo a partir sólo de nuestra decisión militante de volver

lunes, 14 de diciembre de 2015

REFLEXIÓN MILITANTE DESPUÉS DE LA DERROTA



Vengo de un pais que, hasta 2003 ya me había acostumbrado a que, desde el gobierno llovían todo el tiempo dificultades provenientes de los desaguisados que cometian los funcionarios que lo gestionaban. Y uno tenía que buscarle la vuelta, cambiar de profesión, ver si se mudaba de barrio, o de provincia...o de pais. Y el éxito en ese "buscarle la vuelta" era raro.


Y generalmente uno terminaba peor que antes. Vendiendo cosas, perdiendo lugares o relaciones...Y vino el 2003 después que gritamos furiosamente en las calles "que se vayan todos" y algunos pusieron muertos..y apareció un flaco bizco, desgarbado y mal vestido que enfrentó nuestro profundo descreimiento y empezaron a llover medidas que antes nunca habían sucedido.


Por ejemplo, decir que nosotros, los jubilados a los que habían saqueado sus aportes y que ni en sueños pensábamos siquiera posible que alguien reparara eso, íbamos a poder jubilarnos era para ni en pedo creerle. Pero lo hicieron. Y muy rápido, Y claro, con eso llegó PAMI (renovado y funcionando cada vez mejor) . Y después nos avisaron que nos iban a dar una tarjeta (Argenta) y créditos baratos...Y lo hicieron. Y TDA para todos con antenas por todo el pais que significó 25 canales (seis de ellos creación desde la nada, estoy hablando de Encuentro, Pakapaka, Tecnópolis TV, Construir TV, Arpegio TV Viajar). Y uno iba a ver futbol a los bares y un día nos avisaron que ibamos a verlo desde la casa en familia y gratis. Y lo hicieron y rápido. No voy a seguir enumerando porque resultaría muy aburrido y todos sabemos cuántos ejemplos mas puedo poner. Se pueden sintetizar en un concepto: Se invirtieron las maneras de relacionarse entre los gobernantes y los gobernados. Antes sucedían los despojos de los mas desfavorecidos que, en siniestra paradoja, se los usaba siempre para ajustar las cuentas de un estado que parecía no haber manera de que funcionara bien. Desde el 2003, empezamos a acostumbrarnos a recibir del estado noticias que mejoraban nuestra realidad. Y fueron muchas, muchísimas.


Así llegamos al 2015. Un año en el que las quejas de muchos tienen que ver con las cadenas nacionales de la presidenta. Pero no con lo que transmite, no con las noticias que se dan en esas cadenas. El problema es que fueron muchas. Hubo mas de un periodista que hizo las cuentas y estableció comparaciones año a año y con mandatarios anteriores. ¿Saben qué? A mi me encantaban esas cadenas. No sólo porque el sólo ver y escuchar a Cristina era un bálsamo para mi alma cuando transmitía esa buena onda permanente no importaba cuáles fueran los ataques que recibía permanentemente de parte de los miserables que se escudan en una libertad de expresión que violan todo el tiempo con sus infames descalificaciones y mentiras. No sólo me gustaban por eso. También porque nunca usó la cadena para transmitir una noticia en contra de nosotros. Todas fueron para aumentar los derechos. Todas nos contaban de nuevos emprendimientos productivos, nuevas empresas, nuevos desarrollos científicos y tecnológicos. Nuevas ideas creativas para que los argentinos estemos mejor. Pero eso fué ninguneado cuidadosamente no sólo por los medios hegemónicos de desinformación, sino por los políticos cómplices de esa corporación mediática que se ha transformado en los verdaderos dueños de pelota en este partido que estamos jugando en la escena política argentina. O sea, el contenido de esas cadenas no tenía ninguna importancia, lo que transmitían ni se mencionaba. El problema era que eran muchas. ¿Saben qué? Voy a extrañarlas.


Y los que ahora han regresado (que son los mismos que habían sido echados en 2001) y que fueron los cómplices de la construcción de la grieta que tanto los afligió, ahora me piden que me sume, que los apoye, que crea en ellos, que van a gestionar para el beneficio de todos. ¡Minga! Primero tendría que perdonarles tanta infamia en contra de nuestra amada Cristina a la que llegaron a acusar de asesinato, entre toda una suerte de infamias varias de todo color y pelaje, durante todos los años en los que fué tan dignamente nuestra presidenta. Y no creo que los perdone nunca. Porque generaron odio hacia alguien que en realidad merecia aprecio, valoración, respeto y amor. Alguien que les arregló el pais. Alguien que puso todo de su vida para permitirles en muchos casos incrementar notablemente sus patrimonios. Entonces no sólo fueron miserables sino profundamente ingratos. No sólo no voy a perdonarlos, sino que no me voy a olvidar de lo que hicieron. Destruyeron la imagen y la credibilidad de alguien que califica muy alto en valores no sólo políticos e intelectuales, sino fundamentalmente éticos. Y sembraron odio en millones de corazones en los que debería haber germinado amor.


Y por eso consiguieron esa tan módica, tan pírrica victoria. Lástima que para nosotros constituye una gran derrota. Habíamos salido del "que se vayan todos". Nestor y Cristina recuperaron el pais y la fe de millones en la política a partir de haber recuperado los derechos de todos los argentinos. Derechos que aumentaban todos los días. Ahora estamos agarrados desesperadamente a esos derechos a ver cómo hacemos para defenderlos de los que volvieron desde esos rincones de la historia, desde ese 2001 que creímos ingenuamente definitivamente sepultado. ¿Y quieren que me sume? ¿Que los vea bailar obscenamente en ese lugar que habíamos recuperado para el pueblo, la Casa Rosada y que agregue mi alegría a la suya de ellos? No señores, festejen ustedes, se lo han ganado con todas esas armas que tan bien saben usar: la mentira, la desinformacion, la construcción de una hegemonía basada en falsedades, en ocultamiento de todo lo grande que se construyó en nuestra Argentina en estos maravillosos doce años.


Nosotros apretaremos los dientes, resistiremos, cada derecho conculcado será una bandera de lucha. Y un reconocimiento a nuestros amados referentes y conductores: Nestor y Cristina. ¡¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!! ¡¡VOLVEREMOS!!

lunes, 7 de diciembre de 2015

LA PREGUNTA: UNA REFLEXIÓN CASI FILOSOFICA

I.-La vida como respuesta.
      Uno siempre es una respuesta. Vivir es responder. La pregunta viene ya formulada desde que uno está vivo y empieza a preguntar. Porque todo es pregunta. ¿Qué voy a comer?, ¿Con quién decido estar? ¿A qué hora me voy de este lugar en donde ya no estoy cómodo? ¿A qué hora me levanto? ¿Le doy un beso o sólo le tomo la mano? ¿Le contesto al imbécil que repite ideas de otros con esa seguridad de los que nunca se preguntaron nada? ¿O me callo la boca porque percibo que no vale la pena? Podemos seguir, indefinidamente. Porque la pregunta la puede formular cualquiera (o viene ya formulada tácitamente), por otro cercano, amado, indiferente, lejano, desconocido pero presente a través de la circunstancia, del recuerdo, del anhelo, de la nostalgia. Uno mismo formula todo el tiempo la pregunta. Y esa pregunta, a veces, es de respuesta ineludible, imperiosa. Otras preguntas se continúan en el tiempo, transitan con uno la vida, son preguntas pacientes, uno sospecha que ya estaban instaladas desde mucho antes de que uno llegara. El problema aparece cuando uno trata de responder las preguntas. Porque suele ocurrir que las respuestas son engañosas, uno cree que encontró la respuesta a cierta pregunta y descubre que esa respuesta es, en realidad, sólo la antesala de nuevas preguntas. Casi podría decirse que uno responde a las preguntas de hoy, con las preguntas de mañana. Claro que eso se descubre después, cuando ya uno se familiarizó con cada respuesta (provisoria, es cierto, pero uno se olvida), le tomo cariño, la incorporó. Las respuestas dan seguridad, tranquilidad. No es importante para eso que sea “la respuesta adecuada”, la que verdaderamente contesta la pregunta; quizás descubramos algún día, que no era ésa la respuesta adecuada, probablemente demasiado tarde. Pero ahora, sólo interesa que la respuesta calme la ansiedad, la angustia de la pregunta que permanece abierta, desafiante. Entonces buscamos todo el tiempo las respuestas rápidas, urgentes. Y se van transformando en nosotros, nos constituyen. Por eso digo que uno es siempre una respuesta. Somos el resultado de todas las respuestas que dimos a todo lo que nos pasó. Las cicatrices que habitan nuestra alma son los residuos de las respuestas que dimos a las viejas preguntas que se formularon, alguna vez, en  nuestra presencia. Somos esas cicatrices.
II. Preguntas mas livianas, pero no menos importantes.
Claro que también hay preguntas que piden permiso, son modestas, tímidas. No tienen la pretensión de instalarse como constitutivas ontológicas. No quieren ser-yo. A lo sumo buscan un módico lugar en nuestro cerebro, para lo cual necesitan una respuesta que les permita transformarse en ideas. Porque eso es una idea, la elaboración de una suma de conceptos que surgieron tal vez, como respuestas.  Nuestras ideas son la consecuencia de haber organizado coherentemente las respuestas a preguntas que alguien formuló alguna vez. Solemos repetir esas respuestas durante mucho tiempo (a veces durante toda una vida), incluso cuando ya olvidamos las preguntas que originaron esas respuestas. Y eso tiene un problema adicional (una pregunta más) ¿esas respuestas, son realmente nuestras respuestas? Y todavía, las preguntas que dispararon la necesidad de responder, ¿son nuestras preguntas? A ver si resulta que deambulamos por la vida, con ideas que se constituyeron articulando respuestas de otros, a preguntas que también formularon otros, y que no tienen nada que ver con lo que nos pasa a nosotros. ¿Podría haber una mejor definición de una vida inauténtica? Porque implica una renuncia. La renuncia a hacerse uno las preguntas. A elegir primero cuáles son las preguntas a las que vale la pena considerar. Y sólo después buscar las respuestas.
Y esto no es una cuestión banal. No vivimos solos. Estamos rodeados de semejantes que interactúan con nosotros todo el tiempo. Nuestra vida transcurre relacionándonos no sólo con los demás seres humanos, sino con cosas. Cosas que disfrutamos, o padecemos. Una casa bella con un jardín cuidado es para disfrutar. Una tapera derruida sin agua corriente ni cloacas junto a un basural, es para padecer. Trabajar en una oficina con aire acondicionado para diseñar un nuevo software y recibiendo una buena remuneración, es para disfrutar. De sol sol cosechando aceitunas en el desierto riojano por una paga miserable, es para padecer. No tener ningún trabajo y no poder llevar dinero para alimentar a nuestra familia es para padecer, y mucho. Llegamos a un mundo no sólo ya significado por otros a través de un lenguaje que no elegimos, sino abrumadoramente ajeno y, profundamente injusto, mas allá de cual sea el lado en el que la vida eligió para ponernos, si del lado de los que la padecen a la injusticia, o del lado de los que la disfrutan. Seguramente que si nos puso del lado de los que la disfrutan, eso no va a ser un problema para nosotros, o sea que difícilmente dispare la necesidad de buscar una respuesta. Diferente será la situación del que padece la injusticia. Para él eso constituye un problema, algo dramático, requiere una respuesta, incluso urgente; le va la misma vida en ello. Entonces para él, hacerse las preguntas pertinentes es imprescindible, sería un error buscar responder preguntas que no tienen nada que ver con lo que le pasa, o peor aún, conformarse con respuestas a preguntas que son irrelevantes para resolver su situación.
Cuando decimos que este es un mundo injusto y vemos que hay quienes padecen la injusticia, no tardamos en entender que los que disfrutan de las consecuencias de esa injusticia  suelen tener alguna responsabilidad (por acción u omisión) en la instalación de esas situaciones injustas. Especialmente esto resulta cierto para los que están en la cúspide de la pirámide social. Esos que acumularon tantos recursos que ya manejan ciudades, países, el planeta entero. A esos tales no les conviene que nos hagamos las preguntas pertinentes. No vaya a ser que encontremos respuestas que nos lleven a tratar de modificar el mundo en el que todos vivimos, pero que fue diseñado para que unos disfruten y otros padezcan.

Entonces nos van a inducir a que nos hagamos preguntas tontas, irrelevantes, e incluso nos suministrarán las respuestas, no vaya a ser que en el proceso de buscar esas respuestas, nos suceda que aprendamos a pensar. Y terminemos haciéndonos las preguntas peligrosas, las preguntas subversivas, esas que ponen en peligro el orden establecido, ese que en inglés se dice establishment.