Macri volvió a perpetrar, días atrás, otra de sus habituales torpezas lingüísticas, al confundir la palabra “víctima” con “victimario”, en relación con la famosa grieta que separa a los argentinos, pretendiendo estar entre los que la sufren. Mas de uno habrá visto allí una suerte de acto fallido, dado que el susodicho milita claramente en el bando de los que la generaron y trabaja activamente para profundizarla, antes que en el de los que la padecen. No comparto esa caracterización porque supone que Macri conoce la diferencia entre el término “víctima” (el que sufre un daño) y “victimario” (el que produce un daño), cosa de la que dudo mucho. Más bien creo que las considera como sinónimos y usó “victimario” porque le pareció mas rebuscada y, como suele pasar en las personas que no son muy instruidas pero pretender serlo, confunden lenguaje complicado con profundidad de pensamiento. En fin, se trata de una opinión mía en un tema, el modo de lenguaje macrista, que probablemente sea en el futuro estudiado por expertos en lingüística, pero que excede los conocimientos e intereses del que esto escribe. Mas bien voy a usar el episodio y mis comentarios al respecto como modo de introducción al tema de la famosa grieta.
Hablando con un anti K furioso, de esos que nos acusan a nosotros de estar ciegos, de “no ver la realidad” y por supuesto sin argumentación alguna que fundamente sus posturas, más allá de los clisés habituales, pensé, ¿cómo serían las cosas de no haber sido por la feroz campaña impulsada desde y por los medios para difamar, horadar prestigios, sembrar desánimos, mentir y tergiversar todo el tiempo? ¿La famosa grieta, existiría? Porque veamos, ¿qué es la “grieta”? Es una barrera, que separa percepciones, miradas cobre lo que pasa que son tan antagónicas, que no permiten un dialogo de posible acercamiento buscando espacios (por reducidos que sean) desde donde pueda pensarse en común.
Pensar en común. Interesante concepto. Implica muchas cosas esa actividad de pensar en común. Implica primero, obviamente, pensar. Y luego, junto a otro/otros. Tendremos que reconocer que no son dos cosas que se den muy frecuentemente juntas. Para empezar, los humanos que vivimos en esta sociedad urbana tan condicionada de tantas maneras diferentes, nos damos escasos momentos para pensar, incluso en soledad. Y pretender que eso suceda en compañía… en fin. Y que alguien espere que se pueda pensar en común desde la discrepancia… ¿Qué quiere que le diga? Sin embargo, si pensamos (justamente, de eso estamos hablando) con un poco mas de detenimiento, tal vez sea más fácil pensar en común desde la discrepancia, (por supuesto en un clima de respeto por el que piensa diferente) que con alguien con el que coincidimos. Porque las miradas desde otro lugar nos dejan muchas veces, perplejos. Y la perplejidad es una buena puerta de acceso al hábito de pensar. Si es que somos capaces de abrirla. Y si llegamos hasta ella pasando por arriba de la barrera de que antes hablamos, si logramos saltar por encima de la famosa grieta. Y esa barrera existe porque alguien la construyó. Es decir, hay personas que se sienten muy cercanas al proyecto de Nestor y Cristina, por las razones que sean (son muchas y harto conocidas). Y esa cercanía favorece invitaciones a otras, mas vinculadas con lo afectivo, incluso con lo épico, porque ellos, Nestor y Cristina vivieron su vida política (que es prácticamente toda su vida) imbricada con lo épico. Entonces, lo que sucede es que algunos sentimos cosas muy profundas, nos enamoramos de este proyecto, soñábamos con un país parecido a éste, en que tantos derechos fueran transformados en leyes (y algunos otros ni siquiera soñados) y entonces, ese enamoramiento se desplaza inexorablemente hacia la persona que representa esos logros, porque fue y es la batalladora incansable para hacer realidad esos sueños.
Pero, ¿Qué ocurre con los que tienen una mirada diferente, con todo el derecho del mundo de tenerla?
Antes de procurar contestar esta pregunta voy a contar una experiencia personal que me sucedió hace un tiempo, cuando se cumplieron cinco años desde que se promulgó la ley de matrimonio igualitario. Victor Hugo Morales entrevistaba por la radio a la pareja de Marta Dillon. Ellas tuvieron un hijo por inseminación artificial y el padre biológico es un amigo de ambas. Parece que lograron que el niño fuera inscripto con los tres apellidos, porque la ley argentina admite esa posibilidad. ¿Qué me pasó cuando escuché la noticia? Una emoción intensa me abrumó el pecho y se me humedecieron los ojos. Pensé después, tratando de entender, de entenderme, de explicarme a mí mismo: claro, el amor y la amistad confluyendo, haciéndose una sola entidad en ese hijo, ¿cómo no imaginar los diálogos previos entre los tres, antes de tomar las decisiones, todas las que se tuvieron que tomar para que esa noticia llegara hasta mis oídos desde la radio, inundando mi alma?
Pero eso es lo que me pasó a mí. Sé de algunos que deben tener percepciones muy distintas, incluso totalmente antagónicas a la mía que, quizás vale aclarar para los que no me conocen, no tiene nada que ver con algo personal. Percepciones que pueden llevarlos a oponerse incluso muy vehementemente a medidas como la relatada. Y así como este hecho confirma mi adhesión al proyecto kirchnerista, debe haber otras personas que escuchando la misma noticia, confirman su oposición al mismo, y por razones muy fundamentadas. Yo discrepo con esas razones, pero respeto a las personas que las esgrimen. Así es la democracia señores, tendremos que aprender a aceptar que no pensamos todos igual y que eso es una buena noticia, porque nadie nos dice qué tenemos que pensar, nadie nos persigue desde el estado para que tengamos determinadas ideas, como sucedió en otras épocas en las que se quemaban libros y se encarcelaba gente por tener determinados papeles en su casa. O se la desaparecía.
Pero volvamos al tema de la grieta. Los que tienen una mirada diferente, los que quisieran un pais distinto al que se está construyendo en Argentina desde 2003, podrían discrepar civilizadamente. Podrían tener paciencia hasta ver si, ganando elecciones, otra manera de gestionar lo público logra imponerse. Mientras tanto señores, paciencia, tolerancia, respeto hacia las mayorías que apoyamos este proyecto. Y sobre todo, basta de odio. Uno puede argumentar frente a ideas. Pero el odio es una barrera infranqueable. El odio puede llevar a que alguien escuche una flagrante mentira dicha por un esbirro de Clarín, sospeche que no debe ser cierto eso, y se haga el boludo, no le importe que sea mentira, total suma para horadar prestigios, para poner otro ladrillo en la pared que nos separa, en la guerra todo sirve y parece que lo viven así, como si fuera una guerra.
Pero nosotros los kirchneristas no estamos en guerra, nosotros no odiamos a nadie, quisiéramos que los que faltan se sumen, porque así como queremos incluir a los que todavía no comen lo suficiente, a los que todavía trabajan en negro, a los que, en fin y por las razones que sean, todavía son acreedores del estado, también quisiéramos incluir a los odiadores seriales, a los que por su propia voluntad se pusieron en contra del mas importante proyecto liberador de la República Argentina de los últimos tiempos.
“La Patria es el otro” dijo una vez nuestra presidenta. Y esa frase se transformó en nuestra bandera. No fuimos nosotros los que construimos “la grieta”. Fueron los que ensuciaron prestigios, los que hablaron desde el principio de “la impostura”, los que instrumentaron infinitas operaciones mediáticas en contra de los legítimos representantes de pueblo sólo porque están cumpliendo con lo que se espera de ellos, que lo representen realmente. Sólo a partir de un profundo desprecio por la democracia puede esperarse que un gobierno gestione en contra de los intereses de los que lo votaron. Pero eso, no tolerar la democracia, es lo que la derecha ha hecho siempre. Y se ha valido de distintos métodos para poner gobernantes funcionales a sus intereses: voto cantado, fraude patriótico, golpes militares. Pero ahora, cuando ninguno de esos métodos está a su alcance, utiliza a los dos sectores que pueden servirle, sencillamente porque también tienen privilegios que defender: los medios de comunicación concentrados y la corporación judicial oligárquica.
¿Y para cumplir qué objetivo los usa? Para construir hegemonía cipaya. ¿Qué es la hegemonía cipaya? Es el conjunto de valores, creencias, percepciones y supuestos colectivos, que tienden a identificar a un conjunto de ciudadanos con la ideología de los que los explotan, de modo de conseguir que apoyen a los que van a perpetuar esa forma de dominación que ya se consiguió instalar como la manera natural en que deben funcionar las cosas.
¿Y de que modo espera el establishment que estos dos ejecutores, los medios concentrados y la corporación judicial oligárquica cumplan con la tarea? Básicamente de cuatro maneras:
1) Atacando ferozmente la gestión sin escatimar métodos, información ocultada, sesgada, mentirosa sobre hechos, todo vale.
2) Horadando prestigios bien ganados por funcionarios que se han destacado por lesionar los intereses del establishment. O el de los que aparecen como potenciales amenazas para los factores de poder oligárquico.
3) Utilizando a los jueces amigos que, muchas veces ya no tienen nada que perder por todas las tropelías que vienen perpetrando desde hace décadas (estoy pensando en Bonadío) y que a modo de kamikazes gastan sus últimos cartuchos para ganarse una vejez próspera en dinero y escasa o nula en prestigio (si es que zafan de la cárcel). Estos jueces sirven para dictar cautelares que frenan leyes, para procesar funcionarios por contravenciones menores o incluso inventadas, para ordenar espectaculares allanamientos convenientemente difundidos por los medios aliados, etc.
4) Logrando que los políticos opositores se hagan eco de esas campañas con la promesa de obtener protección mediática ante la posibilidad de que les suelten la mano y aparezca algún muerto en algún placard cercano o remoto. Esto es especialmente grave porque se produce una verdadera cooptación de los políticos opositores que los lleva a seguir la agenda de los medios, a obedecer sin matices las órdenes de Magnetto. ¿Y la democracia? Bien gracias, pero en otro lado. Desaparece del discurso opositor preso de su cobardía, de su búsqueda de las efímeras migajas que pueden caer de la mesa del poder mediático-corporativo. Y después se extrañan de que el prestigio del proyecto popular democrático crezca a despecho de todas las campañas. Señores, al pueblo ya no le gusta comer vidrio. Esas campañas sólo sirven para mantener vigente la grieta. Pero ya no queda casi nadie del otro lado.
Al gobierno de los Kirchner se lo acusó muchas veces de autoritario, incluso el delirio de Carrió llegó al extremo de compararlo con el nazismo, esto dicho con el mayor de los desparpajos. Siniestro desparpajo en el cual también incurrió el inefable Marcos Aguinis. Y pretendiendo desestimar a la democracia como sistema, se distorsionaron los hechos históricos planteando que a Hitler lo eligió mayoritariamente el pueblo alemán mediante elecciones libres. La realidad es bien diferente. Hitler llega a transformarse en Canciller del Reich en 1932 con un tercio de los votos emitidos. Los otros dos tercios opositores (o sea la mayoría) fueron divididos entre los dos partidos de izquierda (qué raro, la izquierda dividida). Después de eso y ya manejando la máquina del estado, Hitler encarcela a los diputados opositores, culpándolos del incendio del Reichtag, toma el control total de la maquinaria comunicacional llevada a una eficiencia extraordinaria gracias a Goebbels, y bueno, ya sabemos como terminó la historia. Este detalle, el manejo absoluto del sistema comunicacional, no fue una exclusividad del nazismo. Todos los totalitarismos de la historia lo hicieron, en todos lados y en todas las épocas. El Imperio Otomano, la Italia de Musolini, URSS, la China de Mao, todos los países del llamado “campo socialista” en Europa del Este, etc. Incluso el peronismo del período 45 al 55, manejó el sistema de medios de manera autoritaria: cerró varios diarios y las radios y la naciente televisión sólo propagaban noticias favorables la régimen. Allí no había grieta. Sólo había un mensaje propagado de manera uniforme.
Y aquí aparece lo absolutamente inédito de las experiencias democráticas populares de América de hoy: todas respetan la libertad de prensa hasta niveles increíbles. En Argentina hay una impunidad para la mentira que nos deja bastante inermes ante el poder mediático comunicacional. Eso es un problema, pero brinda una legitimidad democrática de la que carecieron los movimientos del pasado. Dicho en otras palabras, ¿cuál sería la imagen de Cristina si no hubiera sido la víctima excluyente de todas las campañas de difamación impulsadas por el sistema de comunicación hegemónico diseñado con una perfección que asusta? Y volviendo al tema con el que comenzamos estas reflexiones, ¿existiría la grieta? Imaginemos y a partir de un hecho reciente en ocasión del armado de las candidaturas del FPV, todas las veces en que se dio por sentado que Cristina iba a ser candidata (a lo que fuera) para obtener fueros porque se daba por demostrado que tenemos una Presidenta de la Nación que es una delincuente. Eso se repitió días y días en todos los medios del grupo. ¿Por qué se pudo hacer eso? Porque desde hace años se vino “demostrando” esa supuesta delincuencia. Pensemos, Seychelles, la bóveda de Lazaro Baez (que resultó ser una bodega), las joyas compradas en Italia (que motivó un juicio ganado por Cristina contra Il Corriere de la Sera, que fué el que publicó primero la mentira), las cuentas de Máximo y Garré, los “bolsos con dinero” de la supuesta secretaria de Nestor que después de desdijo en sede judicial, etc. etc. etc. Esta catarata de mentiras fueron todas desmontadas y los medios que las publicaron deberían haber publicado las desmentidas en igual formato informativo que las “noticias” iniciales. Pero nunca lo hicieron porque no hay una ley que los obligue, lo que constituye una seria falencia de nuestra ley de medios. Entonces, la inmensa mayoría de los que creen que Cristina es una delincuente no se enteró de que ya se sabe que esas denuncias fueron desestimadas y cuando uno les hace notar que no existe ni una sola causa judicial en la que ni siquiera esté incriminada, con lo cual la supuesta búsqueda de fueros es un verdadero disparate, contestan “y que querés, controlan la justicia”. Y entonces uno se acuerda de los infinitos zócalos “Nueva embestida K contra la Justicia” repetido hasta el cansancio todas las veces en que se logró un módico freno a la verdadera embestida que sufre LA JUSTICIA por parte de los miembros del Poder Judicial cooptados por la derecha oligárquica y sus cómplices. Entonces, ya podemos redondear este módico análisis: la grieta se creó a partir del poder de difusión de mentiras del sistema hegemónico de comunicación que padecemos, que consiguió que haya una cierta cantidad de personas (que sólo leen las noticias por encima, los zócalos y los titulares de Clarín y La Nación) que creyeron ese relato y entonces se indignan y enfurecen porque no pueden entender nuestra entusiasta adhesión al proyecto kirchnerista. O somos corruptos, o somos ignorantes que no sabemos lo que está pasando en el país. Pero señores, ni lo uno ni lo otro. Lo lamento, pero ya hace rato que las mentiras de los medios fueron puestas en descubierto. No darse por enterado de eso sólo tiene que ver con las ganas de seguir siendo manipulados por esas mentiras. Como dice Víctor Hugo en el titulo de su último libro: “Mentime que me gusta”.