domingo, 27 de diciembre de 2015

PERPLEJIDAD ANTE EL ODIO

Percibo en muchos de nosotros cierta perplejidad ante la permanencia de actitudes revanchistas muy cercanas a un odio irracional y poco entendible por parte de los que ganaron las elecciones y ahora gobiernan. Incluso entre sus seguidores y votantes. De alguna manera esperábamos otra cosa. La actitud del kirchnerismo al ceder la presidencia de ambas cámaras del congreso al PRO y la de Cristina de sembrar ¡flores amarillas! en el ingreso a la residencia de Olivos, contrasta radicalmente con el casi macartismo que se desató en contra del kirchnerismo, incluso desde antes de asumir. Empezando con la incalificable cautelar que privó a Cristina de 12 horas de mandato en un gesto inédito y vergonzoso por parte, tanto de Macri como del poder judicial genuflexo.



Y esa perplejidad nuestra tiene que ver, presumo, con una percepción errónea acerca de la ideología subyacente en esas señales que debemos saber interpretar. La derecha recalcitrante abreva en fuentes muy retrógradas. Ellos están convencidos de tener derechos no solo de propiedad sobre la mayor parte de los bienes de las sociedades, sino, y justamente a partir de esa propiedad sobre las cosas, derecho de ejercer el poder político y social sobre las personas. Y ese convencimiento que tienen los lleva a luchar con todas las armas cuando ven amenazados esos privilegios de los que se consideran legítimos beneficiarios. Su ideología les dice que sólo deben disfrutar de los bienes, los que tienen recursos para pagarlos, no interesa de que bienes se trate, incluyen salud, educación, vivienda, incluso alimentos. La posesión de dinero es para ellos el único pasaporte necesario para acceder a la vida, entendida ésta como incluyendo todos los objetos (cuanto mas caros mejor) que la hacen mas deseable y dichosa. Tienen una necesidad no sana de establecer diferencias entre las personas relacionadas con la cantidad de dinero que poseen. El valor está depositado en el dinero. No importa el origen del mismo. Suele escabullirse. Tio Rico disfruta de su fortuna y nunca se menciona cómo hizo para amasarla. Entonces ellos se reconocen como “del palo” cuando funcionan con esos valores. Nunca aparecerá una investigación sobre la fortuna de De Narvaez, o del mismo Macri o de cualesquiera de los popes del pensamiento económico neoliberal, por caso Melconián, Prat Gay, Cavallo. Pero si se trata de un funcionario del kirchnerismo, empezando (y muy especialmente) por la propia Cristina, no hay investigación o denuncia, por trucha que sea, que no se encare y difunda por todos los medios. ¿Por qué ese ensañamiento? ¿Por qué eso tan parecido al odio irracional, incluso cuando ya obtuvieron un triunfo impensado, hasta por ellos mismos? Lejos estoy de pretender tener una respuesta concluyente a estos interrogantes. Pero se me ocurre interesante compartir algunas ideas sobre el tema, dejando para futuras elucubraciones mas calificadas que la mía, resolver este intríngulis de manera más totalizadora. 

En la mirada desde la derecha, el kirchnerismo usurpó el poder político. ¿Por qué alguien pensaría de esa manera? ¿Acaso no llegó al poder con la legitimidad de los votos? ¿Cristina no fue elegida y reelegida con porcentajes record? No importa (para ellos) cuántas elecciones gane alguien. Perón había ganado en todas las compulsas electorales en que se presentó y fue sangrientamente derrocado en 1955 porque se daba por seguro que ganaba otra vez en las siguientes elecciones. ¿Pero cómo, a la derecha no le importa la voluntad popular? NO, NO LE IMPORTA. Toleran la democracia porque no tienen más remedio y la invocan todo el tiempo pero sólo como un recurso retórico. Mariano Grondona citaba con beneplácito la afirmación de uno de los dictadores del genocidio de 1976 a 1983, en el sentido de que “las urnas estaban bien guardadas y por mucho tiempo”. De no haberse producido la derrota de Malvinas en 1982, hubieran probablemente seguido guardadas. Y nadie extrañaba (me refiero a la derecha) las elecciones. Vuelvo a lo antes dicho: el orden natural de las cosas es, para ellos, que en el poder político (el sillón de Rivadavia se le llamó por años, si hay un personaje vergonzoso en nuestra historia, creo que este califica bastante bien) esté sentado un representante de los dueños del país. Por eso lo primero que hace Claudio Escribano (CEO del diario La Nación en 2003) a pocos días de la asunción de Néstor es alcanzarle una lista de las medidas que debía implementar. Que ya sabemos qué clase de medidas eran. Y cuando el glorioso flaco que nosotros amamos y extrañamos tanto, lo sacó carpiendo, se publicó el tristemente famoso editorial que entre otras barbaridades pronosticaba que Nestor había decidido durar en el gobierno seis meses. Duró doce años y medio el flaco (Cristina mediante como su continuadora) con la legitimidad del incólume amor del pueblo. Pero sin la legitimidad de los poderosos. Ese es el meollo de la cuestión. Y esa, la legitimidad de los poderosos, sólo la obtienen los que son funcionales de manera abyecta a sus intereses, incluso a su manera de ver la vida. Menem provenía de otra corriente política, el peronismo era el tradicional enemigo público número uno de la oligarquía. Pero su genuflexión (la de Menem) a todos los mandatos de la derecha, no sólo nacional sino (y especialmente) internacional, lo transformó en uno de los suyos. Fue, desde el mismísimo comienzo de su mandato, un hombre del palo, pero del palo de ellos. Es interesante ver cómo todos sus reparos éticos se diluyen como por arte de magia a la hora de decidir sus apoyos políticos. Mariano Grondona brinda con champán con Menem cuando éste disputaba la presidencia con Néstor en 2003. ¡En 2003, cuando los procesos judiciales eran legión e incluían cosas gravísimas como la voladura del polvorín de la ciudad de Rio Tercero! ¿No le hacían ruido a Mariano todos esos casos que no eran denuncias de Clarín (Magnetto lo protegía desde sus mismos comienzos en 1989) sino casos flagrantes? NO. NO LE HACIAN RUIDO A MARIANO NINGUNO DE LOS CASOS DE CORRUPCION DEL MENEMISMO. Volvemos otra vez a la cita del filósofo italiano Gianni Vattimo: “la derecha no tiene valores éticos, sólo tiene intereses” Y como vive por y para la guita, porque ese es su valor por excelencia, detecta con implacable precisión a los que atentan contra lo que ellos sienten como “el orden natural de las cosas”. 

Y aquí me permito proponer una explicación para entender un poco el odio irracional al kirchnerismo enfocado de manera particular en la figura de Cristina. Un proyecto que incluye a los que deberían quedar afuera empieza mal, en la mirada de ellos. Si los jubilados no pudieron hacer los aportes (aunque los motivos sean ajenos a su voluntad) no deben ser incluidos. Si los chicos pobres no tienen dinero para comprar netbooks, no deben tenerlas. Una sala de maternidad pública y gratuita no debe estar en el mismo nivel que una de una clínica privada. Tecnópolis a todo culo no debe ser de entrada gratuita, si no se transforma en “Negrópolis”. ¿El Centro Cultural Kirchner un maravilloso desarrollo que nos enorgullece a los argentinos? Caro, muy caro y para peor ¡de entrada libre y gratuita! ¿¿Estamos todos locos?? Cristina merece el odio de la derecha, no sólo por ser una mujer poderosa (en el mas profundo sentido de la palabra) y entonces subvirtiendo el natural lugar de la mujer en la derechosa sociedad patriarcal capitalista, sino porque al poner los mejores productos (no sólo los de primera necesidad) al alcance de TODOS, diluye la importancia del dinero como llave para acceder a los bienes. No hay cosa más subversiva que hacer que las cosas sean gratuitas. El pobre gil dedica su vida entera a tener y tener cada vez más para después mirar hacia abajo y poder despreciar tranquilo al negro que no tiene lo que él tiene (porque se lo ganó, mire vea) y AHORA RESULTA QUE EL NEGRO YA NO ESTÁ TAN ABAJO.

¿Culpa de quien? Exactamente, ¡DE LA YEGUA!

Entonces, si este planteo mio es en alguna medida acertado, no debe extrañarnos toparnos a menudo con actitudes que no hacen posible diálogo alguno con personas que piensan (es un decir), de manera tan sectaria y excluyente, y en las que se percibe demasiado odio, que nada tiene que ver con una mirada crítica sobre nuestro proyecto nacional popular y democrático. Normalmente pasa que les molesta todo lo que nosotros apoyamos, aunque lo disimulen con denuncias sobre corruptelas o miradas apocalípticas sobre presuntos desequilibrios macroeconómicos que citan como si supieran algo al respecto.

En Venezuela hay una orquesta sinfónica juvenil integrada por chicos salidos de las villas humildes. Dudamel, un director ya de fama internacional, salió de allí. Ese maravilloso emprendimiento es obra del maestro Abreu que se ocupó de rescatar chicos pobres pidiendo permiso a sus padres para incorporarlos a la música. Muchos de ellos ya son solistas destacados incluso internacionalmente. Abreu logró romper esa barrera, esa grieta que separa, que divide, que excluye. Transformó la “existencia destino” (término que tomo de J.P. Feinmann) de todos esos chicos en una vida plena de posibilidades de elección. 

Los procesos revolucionarios no son solamente los que hacen la reforma agraria y estatizan los medios de producción. Incluso se puede hacer eso (Stalin lo hizo) y seguir dejando al pueblo afuera, transformando una sociedad en colmena. Y no siempre se pueden hacer reformas tan drásticas por justas que uno crea que son. Hace falta una construcción muy importante de poder popular que, primero debe dar de comer, después, salud, educación, cultura. Y todo allí, cerca de donde usted vive, argentino, argentina. Y gratis. 

Y ese pueblo empoderado encontrará los caminos propios para darse las formas organizativas que lleven a sociedades cada vez más justas. 

En eso estábamos, de la mano de Cristina. Por eso la amamos. Por eso la odian. Porque no quieren que vuelva nunca mas. Pero nosotros si, por eso vamos a luchar, incansablemente. HLVS

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