sábado, 9 de marzo de 2019
LA TAREA PENDIENTE
Si alguien hubiera soñado en un proceso de destrucción de todas las instituciones de nuestro pais en tres años de la manera en que esta banda de fascinerosos lo está consiguiendo...habría sido acusado de enfermedad mental o delirio diabólico. Y sin embargo eso está ocurriendo en Argentina desde diciembre de 2015. ¿Cómo pudieron hacerlo? Pregunta de difícil respuesta, al menos si buscamos una. Tal vez habría que sostener la pregunta mucho tiempo, desdoblarla en muchas y esperar que la insistencia asome algún resquicio de solución al acertijo. Porque una sociedad mínimamente organizada tiene recursos de protección de sus sistemas de convivencia; lo que llamamos "institucionalidad", es justamente el conjunto de normas que, cuando no se cumplen, aparecen los "anticuerpos" (ese término que acuñó alguna vez Perón) que accionan para volver todo a la normalidad (o sea a la situación social en la que las normas no se violentan). Bueno en la Argentina de estos días, parece que todo eso falló. El buque se hunde y no alcanzan los botes salvavidas. Una economía con rumbo de inevitable default, una destruccion del aparato productivo generador de trabajo y consumo en caída libre, un periodísmo cómplice y profundizador demencial de la grieta que, decian, habian venido a cerrar, un poder judicial que desbarrancó totalmente y sólo promete profundizar aun mas la violación de todas las normas jurídicas, una política represiva que apunta incluso a dejarnos en manos de un ejercito con sus armas vueltas hacia el pueblo como en las peores épocas, presos políticos, gente detenida sin indagatoria y sujeta a que su libertad se negocie según lo que declare, una política exterior genuflexa ante el Imperio, ciencia y educación sin recursos, salud sin recursos...¿qué más?. La lista es interminable. Han sido (y siguen siendo) muy minuciosos en el avasallamiento y la destrucción. Hay una porción creciente de la población que tiene consciencia de esto que nos está pasando. Todavía no mayoritaria, pero es cuestión de tiempo. Pero aún en ese estadio futuro deseable (en que esa consciencia crezca y se transforme en esa marea revolucionaria que desee borrar a esta pesadilla de la faz de nuestra patria) surge la terrible pregunta: ¿Cómo transformamos esa consciencia en poder? Y una segunda pregunta, y tal vez más inquietante: ¿Cuál deberá ser el grado de profundidad de los cambios que propongamos que aseguren que esta lacra no regrese jamás a usurpar el poder político? No necesito decir que no tengo respuesta para esas preguntas...deberemos buscarla juntos a través de la lucha y la reflexión política que preceda y acompañe a esa lucha. Cuando digo transformar consciencia en poder, estoy reconociendo que, los de abajo, no tenemos poder. Es decir, aún no tenemos el poder necesario para darles la patada en el culo cósmica que se merecen. ¿Y por qué no tenemos poder los de abajo? Porque nuestras instituciones han sido concebidas para conceder sólo un poco de poder, algo como para frenar la bronca, para desalentar el descontento, para impedir que se canalice eficazmente como fuerza transformadora. "El pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes"...dice. Y nos enseñaron a incluso, emocionarnos cuando leemos o escuchamos esa inmensa claudicación que yace internalizada en nuestros corazones. Claro, los representantes siempre son un grupito, comparados con toda la población. Fácil de controlar ese grupito. y si se complica, ya esta disponible ese lugar sagrado QUE NO SE CONTAMINA CON NINGUNA VOLUNTAD POPULAR: EL PODER JUDICIAL DE LA NACION, indemne a la democracia, verdadera reserva "moral" de la Nación (la de ellos, la de los dueños). Compañeros, la tarea que nos espera no debe ser minimizada. Cuando recuperemos el poder político (no tengo dudas de que eso sucederá), ese poder popular deberá ser revolucionario. Deberemos profundizar el proyecto virtuoso del los años de Nestor y Cristina atacando las bases mismas del poder REAL de nuestra Argentina: el poder de los dueños de la tierra el poder comunicacional hegemónico, el poder de la banca insaciable, el PODER JUDICIAL MAFIOSO, el poder de los servicios manejados por el Imperio y en contra de los intereses y la libertad del pueblo... De nada (o de muy poco) sirve tomar el poder político si dejamos intacto el PODER REAL.
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