Ese
no era un día de laburo más.
¿Te
vas? Me habías dicho que iríamos a elegir las tarjetas…
Y
sí piba, te había dicho, pero tengo que laburar.
Pero
si hoy es sábado, vos no trabajas los sábados.
Justamente,
por eso, porque los sábados pagan más.
Pero
¿las tarjetas?
El
lunes piba, el lunes. Tengo que laburar
porque si no, tu cumple de 15 no va a estar a la altura, no va a brillar.
Quiero que brille… como vos piba.
El
piropo apaciguó un poco su ansiedad, aunque proviniendo de su padre, que
siempre encontraba alguna manera nueva de halagarla, no significaba demasiado.
Se despidieron apenas, como los que están acostumbrados a verse a menudo, en el
pasillo, mientras ella caminaba hacia el baño y él ganaba la puerta de calle.
El viaje a la fábrica era corto y la costumbre de los años transcurridos
haciéndolo, lo hacía más corto aún. Entró en la planta, caminó el largo pasillo
gris hasta la sala de máquinas. Allí lo estaba esperando su pupitre de trabajo,
donde escribía las órdenes para los trabajos de mantenimiento de la gente a su
cargo.
¡Se
paró la mezcladora, venga rápido!
“Rápido”
estaba de más. Todos sabían en la fábrica lo que significaba la mezcladora
parada. En diez minutos la pasta se solidificaba y todas las cañerías se
bloqueaban. Solucionar eso era una semana de laburo de mantenimiento con la
fábrica parada. Corrió hacia el sector de mezclado mientras le gritaba al
operario de sala de control: “cortá la energía que estoy yendo”…
La
pucha con esta basura de máquina, debe haberse cortado otra vez ese puto perno
del sin fin. Para qué pide uno que cambien el repuesto y compren un sinfín
nuevo de una buena vez. Siempre pijoteando, siempre tratando de que todo ande
atado con alambre, con tal de no invertir. Total los boludos de mantenimiento
le solucionamos todo. Menos mal que vine, pobre piba quería que la acompañe a
elegir las tarjetas…
Voy
a bajar, asegurate que el boludo ése no me mande la energía mientras destrabo
el sin fin.
………………………………………………………………………………………………. Por
qué será que a una le cuentan que hay que portarse bien, que hay que ser buena,
que de lo contrario Dios a una la castigaría. ¿Por què no nos dicen cómo se
hace para seguir después del castigo? Porque el castigo viene, y viene seguro.
Hay toda suerte de castigos esperando, acechando, en cualquier esquina de la
vida, hay castigos para elegir (pero nadie puede elegir): enfermedades,
traiciones, injusticias, muerte. Especialmente muerte. Mucha muerte, muerte
terrible, muerte insoportable. ¿Y quien se pone el sayo del castigo esta vez?
¿Quién cree merecer semejante castigo?
Complicados
los festejos de cumple para la piba. La palabra “festejo” resulta insultantemente
inapropiada, no sólo para ese “quince” con fiesta ausente. Todos los que
siguieron en adelante. Y mire que “adelante” es una palabra linda, una palabra
cargada de futuro, incluso a veces eventualmente preñada de optimismo. Pero al
alcance de ella sólo estuvo acceder al mero futuro, luchando ferozmente y con
muy escaso éxito por desterrar la culpa, la implacable y pegajosa culpa, ésa
que le repetía una y otra vez, que ella no tenía que haber cumplido quince, o
no pedir fiesta, ni tarjetas ni nada. Su viejo vivo, era el único regalo que la
vida le había hecho, que realmente valía la pena conservar, desde que llegó a
habitar este mundo. Este mundo ahora regido por quien sabe quien, porque de
Dios, ni hablar. Este mismo mundo mutilado para siempre, destrozado por ese
inexorable cráter por el que se había
escurrido, también para siempre, su adorado viejo.
Los
interminables días por venir, soportando apenas la mera vida, abriéndose un
tenue camino entre el dolor y la culpa, sólo pudieron ofrecerle como máximo
logro construido duramente, el dulce recuerdo y la melancolía. Ésa que fue,
también para siempre, el inexorable telón de fondo de su vida. Y a veces, sólo
algunas veces, una muy módica y pálida alegría.
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