Era lindo Los
Puestos. Así se llama donde yo nací. Es lindo. Claro que es puro campo y monte.
Ahora han sembrado mucha soja. Pero cuando yo era chica era todo monte.
Teníamos gallinas, cabritos y algunos chanchos. Éramos muchos de familia. Y
cerca vivían unos hermanos de mi papá que también tenían hijos. O sea que
éramos un montón. Para las fiestas nos juntábamos, venia gente de otros lados y
era chacarerear hasta el amanecer. Y al otro día, al río. A bañarse, a pescar
sábalos. Tengo lindos recuerdos de esa época. El problema era cuando el papá
venía enfermo. Chupado quiero decir. Nos sacaba a todos al campo para subirse a
la mamá. Y había veces que hacía frío, porque en Santiago a la noche hay veces
que hace frío. A las tres o cuatro de la mañana en invierno hace frío. Hasta
alguna vez llueve y todo. Afuera había que salir antes de que se enojara. O se
equivocara y se subiera encima de alguna de nosotras. Y entonces buscábamos en
la casa de alguno de los tíos un lugarcito. O de algún vecino. Nos
arreglábamos. Al otro día, como si nada. Se le pasaba y hasta se podría decir
que era bueno y todo. ¿Por qué nadie intervenía y le decía algo? No se le podía
decir nada. Por respeto viste?. Encima no se acordaba de nada al otro día. ¿Si
extraño mi casa? Y sí, era lindo el monte, nos bañábamos en el rio, salíamos
temprano a cazar vizcachas, antes de que amaneciera. Después la mamá hacia
escabeche. Era buena la mamá, muy trabajadora y sufrida. Claro que no siempre
teníamos todo lo que hace falta. Zapatillas no es tan importante porque uno
casi siempre anda en patas. Y la comida, entre lo que conseguíamos en el monte
y lo que el tio Juan pescaba en el bañado, no faltaba. Aparte para los
festejos, se mataba algún cabrito que el papa o tio Juan asaban. El problema
era ir a la escuela. Uno tiene que estar por lo menos limpito y calzado y
arreglado, no vaya a ser que crean que uno no la pasa bien en casa. Que uno es
pobre. Era linda la vida en esa época, éramos chicos y no nos dábamos cuenta de
muchas cosas. Nos parecía natural eso que el papá hacia. Por lo menos, no
pegaba, como otros. Al menos en esa época, no pegaba. Empezó a pegar tiempo
después, cuando parece que lo echaron de un campo en el que trabajaba desde
chango, como peón. Nunca supimos lo que pasó, porque no contaba, pero él cambió
mucho. Casi todos los días volvía enfermo y eran los gritos y el desparramo de
changuitos en la noche. Y entonces un día, me cansé y me fui. Ya era
grandecita, tenía dieciséis. Y el papa se equivocaba demasiado seguido. Me daba
lástima por la mamá y también vergüenza. Y vine a parar acá, una prima me contó
que acá se gana bastante plata. La señora es buena, nos cuida. Si alguien viene
borracho o es pendenciero, ella lo echa, no lo deja pasar con nosotras. Y con
la plata que gano, les mando para que estén mejor, especialmente para los
changuitos. Cada mes o mes y medio, los visito y les doy plata. Todo sigue mas
o menos igual con el papá. Entonces, me quedo unos días y me vuelvo para acá.
Claro que no saben en qué trabajo yo. Tampoco preguntan. Bueno, ya hable
demasiado hoy no?, ¿vas a pasar?
No hay comentarios:
Publicar un comentario