domingo, 7 de febrero de 2016

NADA DE LO HUMANO ME ES EJENO

     Los humanos lidiamos todo el tiempo con interiores que buscan su lugar de preeminencia para regir nuestras conductas. Hay una frase que viene de lejos, repetida entre otros por San Agustin y Karl Marx que reza "nada de lo humano me es ajeno". Vendría a ser como que podemos entender desde adentro aun las conductas mas atroces, pero también las más abnegadas y altruistas. Elegimos, llevando al estado de "en acto" nuestras potencialidades. Heidegger dice algo asi como que el hombre está lanzado a "sus posibles".Los líderes, los prestigiosos momentáneos, los referentes que aparecen y se esfuman (o permanecen) nos muestran con sus palabras o ejemplos de vida conductas que decidimos repudiar o imitar.     
     Cuando Hitler inculcó en el pueblo alemán (el mismo que había dado a luz a Beethoven) el odio antisemita que permitió que miraran para otro lado (o colaboraran) cuando niños, mujeres y ancianos judíos era despojados de todo y deportados a destinos inciertos (en ese momento eran inciertos, después vino la mas espantosa certidumbre); cuando Hitler logró ese triunfo de la hegemonía genocida, fué porque había semillas de odio ya sembradas en el corazón de muchos hombres y mujeres no sólo de Alemania, sino de toda Europa. 
     Los habitantes de los pisos altos de los edificios del barrio de Recoleta de la CABA que arrojaron huevos y otros proyectiles sobre los llorosos manifestantes que desfilaban después de haber sido salvajemente despedidos por el tiranuelo de Macri, mostraron esa faceta mas repudiable, mas nefasta, mas miserable del alma humana. No sólo cero solidaridad, sino 10 de odio incomprensible. Salvo que uno recuerde que "nada de lo humano me es ajeno". Sucede que cuando vemos ejemplos de solidaridad y grandeza, está en cada uno imitarlos o no (o al menos alimentar las ganas de conseguirlo). Pero también pasa (o puede pasar) que se nos incite al odio, al menosprecio del otro, a la insolidaridad, o al mero individualismo. Todo está adentro de nosotros como posibilidad. Durante doce años se nos invitó a ver a la Patria en el Otro. Algunos no deben haber entendido cual es el significado. Otros lo deben haber rechazado. Pero muchos lo intentamos vivir como una verdadera bandera que costaba enarbolar porque había que derrotar mucha desaprensión, mucho egoísmo arrumbado en los rincones de nuestras pobres almas. Pero lo vamos a seguir intentando porque en ese esfuerzo por ser mejores radica la base de toda militancia que valga la pena. Para los que tiran huevos desde los balcones, eso, sólo eso, su infierno interior. 
     Se vienen épocas muy duras, no sólo porque habrá compañeros que quedarán sin trabajo, no sólo porque el régimen intentará destruir los proyectos incipientes (pero reales y promisorios) de construir un país distinto, un pais con desarrollo científico y tecnológico que deje adentro nuestras riquezas no sólo materiales, sino humanas. Se viene además un país insolidario, un mundo de repliegue interior, un "sálvese quien pueda" no sólo material, sino fundamentalmente espiritual, que nos hará mucho mas infelices a los que habitamos esta tierra. Salvo que no aflojemos, salvo que mantengamos erguidas, tal vez desde muy abajo, pero juntos con decisión y fuerza, nuestras banderas, las políticas y las otras, las que nos hacen mejores personas. ¡HLVS!

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