No,
a la Colo nunca le gustó coger. Decía que le dolía que le daba vergüenza que
apagara la luz. Y yo trataba de adaptarme. Era chica cuando nos casamos. Y si,
era virgen claro. Entonces fijate, era natural que yo buscara por otro lado,
porque yo, sin coger, ni en pedo. La paja nunca fue lo mío. Lo que pasaba era
que la familia de la Colo era muy tradicionalista, muy religiosos eran. Al matrimonio había que llegar virgen. Y la Colo
cumplió. No creo que le costara mucho porque, como te digo, nunca vi una mina
que le gustara menos coger que a la Colo. Era buena mina la Colo. Salvo ese
detalle, era buena mina. Trabajadora, buena compañera, no rompía las bolas.
Incluso cuando se enteraba de algún asunto mío, no jodia. Era tan laburadora
que, fijate siempre me acuerdo la vez que le regalaron esos plantines de lapacho.
Eran como diez y no vas a creer, la Colo se arremangó y los plantó ella misma.
Y mirá que había peones en la finca. Pero no, ella se empecinó en plantarlos
personalmente. Decía que a los regalos hay que valorarlos y eso la obligaba a
ella a hacer el trabajo. Hizo los diez
pozos, colocó adentro los plantines, regó la tierra y todo sola. Claro que
después los lapachos no florecían pero la Colo decía que ella no tenía la
culpa. Que ella había hecho bien su trabajo, que debía ser culpa de la tierra,
o que quizás había que esperar otro año… La cuestión es que pasaron los años y
los lapachos de la Colo eran los únicos que no florecían en todo el campo. Y
todos dejamos de darle bola al tema. Llegamos a pensar que serían de alguna
variedad que no es de florecer. Ahora ya no vivimos juntos. A mí me ponía muy
incomodo que la Colo se enterara de mis asuntos. Por una cuestión de respeto
no? Entonces me mudé para el otro pueblo y de paso podía atender mejor la
sucursal del negocio que habíamos abierto allí. Y había tantas pendejas en ese
pueblo que era cosa de todos los días, con una distinta. Yo no sé si la Colo se
enteraba o no. Pero debía suponerlo, porque ella sabe que yo sin coger ni ahí,
aunque nunca me dijo nada. Laburaba y laburaba todo el día atendiendo el negocio.
Las chicas le ayudaban, es cierto. Habían salido laburadoras, como la madre. Y
yo viviendo en otro lado estaba tranquilo porque nadie iba a irle con el
cuento. Si yo pensaba en la Colo? Y si a veces pensaba. Pobre Colo durmiendo
sola. Pero que podía hacer. Hay personas que nacen para una cosa y otras para
otra cosa. La Colo, para laburar sí. Para coger no. Al menos eso pensé durante
todos esos años. Encima ya la Colo no era la linda mina que supo ser de joven
con ese pelo tan rubio, casi rojo, aunque seguía teniendo lo suyo. Y eso debe
ser lo que despertó las ganas de este hijo de puta que empezó primero a
charlarla, a regalarle cosas y finalmente se la termino cogiendo ¡a la Colo!
¿Te das cuenta? Decime por favor como mierda hizo si a la Colo nunca le gustó
coger, que ¿acaso la violó? Y encima ella después me cuenta que esta vez si le
gustó y por eso no fue solo una vez sino muchas y que nunca antes nadie la
había tratado de esa manera y nunca nadie tampoco la había escuchado como este
tipo la escuchó. Ahora resulta que la Colo necesitaba que alguien la escuchara
¿te das cuenta?. Se encontraban en el bar de la plaza y charlaban y charlaban y
el tipo se ve que la escuchaba mucho. Claro, se la terminó cogiendo. Parece que
si uno se toma el trabajo de escuchar mucho a una mina uno se la termina
cogiendo. ¿Será así? Y ahora lo ando buscando al hijo de puta ese. Porque no
sólo se la cogió, no solo no le importó hacerme quedar como un pobre cornudo
frente a todo el pueblo. Sino que, ¿sabés de lo que me vengo a enterar? Este
año, justo este año, y después de veinte años, fue la primera vez que
florecieron los lapachos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario